Anécdotas de la clásica Tabarca-Santa Pola

La travesía alcanza su XVIII edición marcada por su notable organización

Natacción
tabarcaokImagen cedida por la organización
 
La travesía Tabarca-Santa Pola alcanza el próximo 7 de julio su XVIII edición. 1.100 nadadores se lanzarán al agua para cubrir los casi seis kilómetros de que consta la prueba desde la Isla de Tabarca hasta la Playa del Varadero. La prueba, organizada por el Grup d´Esplai Club de Natación Alone-Santa Pola, es una de las grandes travesías populares que se realizan en España, una auténtica referencia por la experiencia de sus organizadores. “Cada año es un mar de emociones”, afirma José Manuel Blasco, vicepresidente de la entidad organizadora. Estas son algunas de las anécdotas que han marcado las 17 ediciones disputadas:

Susto en la meta. Hace tres ediciones, uno de los participantes cometió el error de comunicar a sus familiares el tiempo que aproximadamente tardaría en completar el recorrido: “En una hora y 20 o 25 minutos terminaré”. Cumplido ese tiempo desde la salida, el chico no aparecía. Los minutos pasaban y sus padres estaban cada vez más inquietos. La organización trataba de calmar al matrimonio, cada vez más inquieto. Cuando ya se llevaban dos horas de travesía, el padre comenzó a perder los nervios: “¡Entren a buscarle. Mi hijo está ahí dentro!”. Su tono era cada vez más enérgico, casi agresivo. Los organizadores le decían que lo tenían todo controlado, que no había habido ninguna incidencia y que el mar estaba tranquilo. A las dos horas y media, su hijo aparecía por meta. La madre cayó de rodillas, llorando. El hijo se había dedicado la travesía disfrutar de lo lindo. Se lo tomó como una fiesta, saludando durante el recorrido a otros nadadores, prestando su ayuda, parándose a esperar… Al final, el padre acabó pidiendo disculpas a la organización entre lágrimas.

Temporal. Hace seis años, la organización pasó un mal trago el día anterior a la prueba. Como cada edición, la víspera es el día fijado para ultimar los últimos detalles. Los organizadores se dispusieron a las seis de la mañana a colocar las boyas que marcan el recorrido y orientan a los participantes. Un temporal dificultó el trabajo. “No había manera”, recuerda José Manuel Blasco, vicepresidente del club organizador; “estuvimos desde las seis de la mañana hasta las tres de tarde, sin beber ni comer. Fue algo terrible”. El nerviosismo era evidente entre los que estábamos en el mar. Optamos por no hablar para que no saltaran chispas”. Blasco recuerda que por la tarde tuvieron que revisar y acabar de fijar las últimas boyas. Empezaron a las cinco y acabaron a las nueve de la noche. “Aquel día lloré mucho”. Al día siguiente, el día de la prueba, salió un día fantástico.

Caos en la inscripción. La travesía ha ido ganando adeptos con los años. Su belleza y notable organización han disparado su reputación hasta el punto de que hay gente que hace lo que sea para conseguir una plaza. En 2006, cuando ya tenía una solera considerable, las plazas se agotaron en dos días. Al año siguiente se colapsó el servidor a los siete u ocho minutos. La organización tuvo conocimiento de que se estaba produciendo reventa de inscripciones. “Supimos que había participantes que habían llegado a pagar 200 euros por una plaza”, asegura Blasco. El sistema de inscripciones tuve que cambiarse para incrementar el control sobre los inscritos. Aun así, algunos pierden los papeles. “Me vais a inscribir sí o sí. Yo quiero participar”, le espetó un nadador a Blasco por teléfono. Éste trató de disuadirle: “Si 200 personas hicieran lo mismo que usted esto sería un caos. No podríamos garantizar la seguridad”. Este año, la anécdota la pone un hombre chileno. Tras cinco año tratando de conseguir una plaza en vano, al final la ha conseguido. Él mismo transmitió a los organizadores por mail su emoción.

Previsiones fatales. Hace dos años, como cada edición, miembros de la organización consultan la previsión climatológica semanas antes de la prueba. Aquel año la previsión era inmejorable hasta días antes de la prueba. Algunas páginas de Internet anunciaban rachas de viento de 63 km/h e incluso de 78 km/h a falta de cuatro días para la travesía. “Constituimos un comité de crisis”, recuerda Blasco. “El riesgo de oleaje era grande y queríamos que el riesgo fuera cero para los participantes”. Un pescador calmó a los organizadores: “Llevo toda la vida aquí y en la vida he visto esas rachas en este mar”. La previsión cambió dos días antes de la travesía y esta se desarrolló con normalidad.

Las temidas medusas. Las medusas son uno de los mayores temores de la mayoría de nadadores de aguas abiertas. Toparse con un banco de esta especie puede dar al traste con cualquier travesía. Sin embargo, la Tabarca-Santa-Pola sólo se ha suspendido una vez por este motivo, y fue en una de sus primeras ediciones. Blasco tranquiliza a los participantes: “Hacemos catas en el mar durante los días previos a la travesía. Es muy difícil que esto suceda. Además, en caso de que se nos pasara alguno nos avisarían los nadadores que van en cabeza. No digo que no te pueda picar alguna medusa, pero esto es parte del juego. Otra cosa es un banco. En este sentido, la situación está controlada”.

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2 Respuestas

  1. Jordi dice:

    Estupendo reportaje. Enhorabuena.

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