Lourdes Becerra: «Todo lo que Paul me inculcó me ha servido en la vida»

Juan Pérez Ortiz

Detrás de los éxitos y la trayectoria de la natación española de los últimos 30 años hay unos cuantos nombres. Muy pocos. Uno de ellos es el de Paul Wildeboer, el entrenador holandés que ha fallecido en Australia a los 60 años tras una larga enfermedad. “Tengo muy buen recuerdo de él”, afirma el técnico Joan Fortuny, quien coincidió con Wildeboer en la Blume de Madrid en la temporada 2006-2007. “No puedo decir otra cosa. Mi trato con Paul siempre fue bueno y cordial. Cuando llegué a la Blume dijeron que aquello iba a ser un polvorín por el carácter de ambos, pero después no hubo ningún problema entre nosotros. Él tenía su grupo y yo el mío”. Fortuny, que actualmente entrena a la olímpica Érika Villaécija en el CAR de San Cugat, recuerda la rivalidad existente cuando Wildeboer fichó por el CN Sabadell y él entrenaba en el CN Montjuïc: “Eran dos de los clubes más fuertes. Él llegó al Sabadell procedente del CN Barcelona, su primer club en España. Esto fue durante la década de los 80”.

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 Nadie cuestiona la exigencia que imprimía Wildeboer a sus grupos de entrenamiento ni su pasión por la natación, deporte y profesión que le ocupaba la mayor parte del día. “Recuerdo una vez”, cuenta el preparador y ex director técnico de la federación española Fernando Navarro Valdivielso, “que no le salió bien un campeonato y me llamó por la noche para ver si podía venir a casa con su mujer a hablar de natación. Vino y estuvimos hablando. Él se quedaba muy fastidiado cuando sus nadadores no conseguían los resultados esperados; había que animarle. Lo vivía con una intensidad tremenda”.

 Lourdes Becerra, participante en tres Juegos Olímpicos (Barcelona 92, Atlanta 96 y Sydney 2000), entrenó durante toda su carrera deportiva, que finalizó en 2001, con Wildeboer. Siempre en el CN Sabadell. Desde los 12 años estuvo con el reconocido entrenador holandés. “Paul llevaba la exigencia al límite, la perfección al límite. Disciplina, puntualidad, respeto… Durante toda mi carrera sólo le vi llegar una mañana tarde a un entrenamiento, y fue raro, porque era domingo y ese día solíamos entrenar más tarde. Cuando llegó dijo que tenía excusa. Nos explicó que había entrado un ladrón en su casa y le había retenido hasta la llegada de la policía”. Lourdes, que ahora tiene 40 años, fue la segunda nadadora española tras Mari Paz Corominas en nadar una final olímpica, la de los 400 estilos en Atlanta 96. “Para mí, fue el mejor resultado de mi historial deportivo. No lo esperábamos y por eso la alegría fue enorme. La pena es que Paul no estuvo en Atlanta porque sólo me clasifiqué yo de entre sus nadadores”.

 Wildeboer tenía una ventaja sobre la mayoría de entrenadores españoles. Hablaba varios idiomas, entre ellos inglés. Esto le permitía estar al corriente de lo publicado en revistas especializadas. En una época en la que no existía Internet, recibía las publicaciones por suscripción. “Hay entrenadores autistas y otros generosos. Paul era de estos últimos: compartía la información con el resto de técnicos en conferencias y encuentros de entrenadores. Estaba continuamente leyendo y formándose”, desvela Navarro Valdivielso, quien añade que Wildeboer llegó a España sin apenas experiencia. Fue aquí donde se formó. “Tuvimos vidas paralelas. Cuando él llegó yo acababa de terminar la carrera. Hablábamos mucho de natación, de entrenamientos”. Pese la rivalidad existente entre clubes y técnicos, Navarro Valdivielso, que entonces entrenaba en el Canoe, recuerda una relación respetuosa y cariñosa: “En una competición muy intensa de grupos de edad, con los nadadores muy picados, nos acabamos dando un brazo. No hizo falta decir nada. Ni siquiera recuerdo qué club ganó. Nos teníamos un gran respeto y cariño. Siempre le agradeceré el apoyo que me dio. Fue un maestro para muchos entrenadores de la época”.

 “Paul solía decir: ‘Yo soy Dios’”, cuenta Lourdes Becerra; “Le mirabas y decías: ‘A este tío se le va la cabeza’. Pero luego, todo lo que nos inculcó nos ha servido en la vida. Nos marcó de una manera especial. Él hizo que yo creyera en mis posibilidades. Me transmitió la ilusión y la confianza. Cuando me dijeron que íbamos a trabajar para tratar de clasificarnos para los Juegos de Barcelona, pensé: ‘Están locos’. Tenía 15 años y faltaban cuatro para los Juegos. Al final lo conseguimos. No fueron unos resultados muy buenos, éramos novatos y no se sabía cómo íbamos a responder ante la presión, pero lo viví como un sueño. Fueron mis primeros Juegos Olímpicos”.

 “Vivía por y para la natación”, asegura Anna Pujol, quien fue entrenada por el preparador holandés durante un año en el CN Sabadell. Anna, de 35 años, tenía entonces 18. Hasta en los nadadores que pasaron poco tiempo con él dejó huella. “Él trabajaba para sacar los mejores resultados. Había una gran disciplina, pero a la vez era una persona afable. Además, era el primero en dar ejemplo. Recuerdo durante un campeonato de España en Logroño que había que coger un autobús para ir a la piscina y Paul en vez de cogerlo se iba corriendo. Era muy fuerte. Él nunca estaba para tonterías. A la piscina se iba a darlo todo. Fue mi época más dura como nadadora, pero sin duda volvería a repetir. Él me hizo entender que debía ser así”.

 Casado con Winnie Faber, padre y entrenador de los olímpicos Olaf y Aschwin, Paul fichó en 1979 por el CN Barcelona y al año siguiente por el CN Sabadell, donde estuvo hasta 2004. A partir de ahí, y de la mano de Carles Subirana asumió el grupo de nadadores becado en la Blume. “Era un tipo muy campechano”, cuenta el ex entrenador Fernando Tejero, quien estuvo en la Blume en una etapa anterior a la de Wildeboer. “Nos llevábamos muy bien, incluso salíamos a correr juntos cuando coincidíamos en competiciones internacionales. Paul era muy deportista y a mí también me gustaba correr”. Tejero recuerda la rigurosidad con la que el holandés desempeñaba su trabajo: “Alguna vez, cuando él no estaba, me tocó entrenar a nadadores suyos y siempre me daba los planes de entrenamiento detallados. Esto no ocurría con todos los entrenadores. Paul era muy ordenado y minucioso. Yo siempre tuve una buena relación con él. Teníamos nuestras rivalidades porque entrenábamos nadadores rivales, igual que con Fortuny u otros técnicos, pero siempre me llevé bien con él. Le consideraba un amigo”.

 De esta minuciosidad de la que habla Tejero abunda Lourdes Becerra: “Hasta los 200 metros suaves entre series había que hacerlos perfectos. Él decía que para cumplir las expectativas había que pasar por un tubo muy fino. Lo vivía de esa manera, al límite. Los resultados de sus nadadores eran sus resultados. A todos aquellos a quienes entrenó nos marcó de una manera especial. Por lo menos a mí. Luego he llevado sus prácticas a la vida”.

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4 Respuestas

  1. Guillermo dice:

    Una gran pena! Lo siento muchísimo!

  2. joan gimbernat dice:

    Un grande sin duda. Como otros vivos que no habría que esperar a que tristemente desaparezcan para alabar sus cualidades. En España por culpa muchas veces de los directivos los grandes entrenadores se han visto enfrentados o atacados por el poder. Pero a ellos se deben muchas cosas buenas. Como a este ilustre técnico con apellido ilustre ya para la historia de la natación española gracias también a sus dos hijos extraordinarios nadadores. Pero repito. En otra medida diferente también varios grandes técnicos vivos. Paul nuestro reconocimiento. Esposa e hijos gratitud yfuerza . Para otros entrenadores comprensión.

  3. Silversurfer dice:

    Uno de los grandes que se nos va….
    Buen articulo nataccion, he de felicitarte por conseguir las opiniones de gente que tan de cerca lo conocio.
    Destacar la opinion de para mi uno de los mjoresnentrenadores españoles, michas veces olvidado, Fernando Tejero……. Dice que eran amigos… Que pocos entrenadores quedan a ese nivel que puedan considerarse amigos de los rivales.

  4. judablaa dice:

    Vaya palo… Mis condolencias a la familia en especial a sus hijos, que han ayudado a la ilusión de nuestra natación. Sin duda una gran pérdida.

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