Carpena, una carrera hacia la autodestrucción

Juan Pérez Ortiz

Empeñado en desacreditar cada día su gestión, Fernando Carpena debería sacudirse de encima a quienes le asesoran. El presidente de la Federación Española de Natación (RFEN) no da pie con bola. Sus medidas ante la falta de liquidez y recursos de la entidad que gestiona son torpes e impopulares. La última que ha trascendido, cargarles a los nadadores parte del gasto de las concentraciones, es una mancha más en su trayectoria como máximo dirigente de la natación española. Ni adrede se puede hacer peor. Parece que Carpena haya emprendido una huida desesperada hacia delante, cuando no una carrera hacia la autodestrucción. Los clubes no merecen esta representación.

Sujeta por los éxitos del Mundial de Barcelona, la natación española necesita una renovación en todos los sentidos. Desde los cargos hasta el discurso. Imitar los criterios de selección de países con un potencial enorme, donde los nadadores gozan de una reputación similar a la de los futbolistas españoles; o exigir medallas en categorías inferiores cuando estás cobrando a los nadadores por acudir a las concentraciones del equipo nacional, suena a pitorreo. A quiero y no puedo. Alargar la agonía es contraproducente. Los nadadores españoles tienen cada vez menos protagonismo en las competiciones internacionales. La RFEN eliminó de su programa el Mundial junior de Dubai: no fue nadie; en 2013 sólo ha enviado a dos nadadoras a una de las ocho pruebas de la Copa del Mundo de aguas abiertas; la única representante española en el circuito de maratones acuáticos de la Federación Internacional (FINA), Esther Núñez, debe pagarse los viajes y manutención, en plan mercenaria; la presencia de las medallistas Mireia Belmonte y Melanie Costa en la Copa del Mundo en piscina corta es fruto de las gestiones de sus respectivos técnicos, Fred Vergnoux y José Antonio del Castillo, que han conseguido que las organizaciones de cada prueba inviten a las nadadoras. El panorama es desolador.

 La sobresaliente organización del Mundial, financiado en gran parte por el Ayuntamiento de Barcelona, no puede desviar la atención ni cubrir los problemas de la natación española. Fiarlo todo a los éxitos de una fuera de serie como Mireia Belmonte tiene mucho riesgo. En este sentido, hay que hacer un punto y aparte para reconocer el trabajo del director de Alto Rendimiento de la RFEN, José Antonio del Castillo, entrenador de Melanie Costa y Marina García la pasada temporada. La primera, subcampeona mundial de 400 libre y la segunda finalista en 100 y 200 braza. El éxito es descomunal teniendo en cuenta el potencial de las rivales y los recursos y prestigio de la natación en otros países. Costa, de 24 años, trata de rentabilizar sus resultados de alguna manera porque la natación sólo le da para algún caprichito. Poco más. García, de 19 años, ha puesto tierra de por medio y se ha marchado a EEUU para formarse académicamente mientras sigue entrenando.

 El caso es que Carpena va de torpeza en torpeza. Sin plan ni recursos, su penúltima licencia podría ser el fichaje del ex técnico del CN Sabadell y de Mireia Belmonte, Fred Vergnoux, quien se ha desvinculado del club catalán. Que Vergnoux, un técnico cuya sapiencia es incuestionable, entre en nómina de la RFEN supone un gasto considerable más y una paradoja. Es decir, la federación tiene dinero para entrenadores pero no para proyectar a los nadadores  ni para las categorías inferiores. Un entrenador de la categoría de Vergnoux no ficha por el sueldo mínimo interprofesional. “¿Dónde voy yo tal y como están las cosas si me marcho del Sabadell? Están todos los puestos interesantes ocupados”, afirmó el técnico galo a Natacción hace unos meses. La respuesta parece clara: a la RFEN, que va sobrada.

Carpena ha visto las orejas del lobo de la crisis demasiado tarde. El manantial del dinero público se ha acabado y a la RFEN le ha faltado cintura e iniciativas. Atrás han quedado los tiempos de bonanza, cuando la natación española era la mejor tratada por el Consejo Superior de Deportes (CSD). La RFEN llegó a ser hace unos años la federación que más subvenciones recibía. Así lo reconoció el ex Secretario de Estado para el Deporte en la era socialista, Jaime Lissavetzky. Carpena debió pensar que aquello era para toda la vida. Un carnaval interminable. Se equivocó, y ahora se lo cobra a los nadadores infantiles con la connivencia del CSD y el silencio cómplice del resto de dirigentes federativos, desde Andalucía hasta Catalunya. Nadie dice ni mu. De una u otra manera, están todos conchabados.

* Imagen portada: Fernando Carpena (La Provincia).

 

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4 Respuestas

  1. floti dice:

    Y el hotelito q se van a la.asamblea próxima en barna tb pagan un poco los miembros de la junta de la rfen?.segiro q no.vaya vergüenza señor carpena…vayase

  2. Manel dice:

    Siento no tener la misma opinión del redactor de la web, pero desde luego de siempre se han hecho barbaridades en la RFEN y ha habido muchos «chupones» detrás, en épocas de bonanza en la que Carpena no estaba se han hecho fichajes estratosféricos y barbaridades como pagarle durante un año a un entrenador y a un Director Técnico un hotel para vivir, y todo esto sin ningún resultado o insuficiente. No todo está bien ahora, está claro, pero ésto se hacía hace muchísimos años y 50 veces peor y nadie se quejaba… porqué? porque había bonanza (época de Lissavetzky) y nos daba igual que una persona haga y deshaga con el dinero que que quisiese, ese alguien que hoy está denunciando a Carpena (quizás resabiado) y que por cierto ya ha perdido algún juicio.
    Esto por supuesto no da luz verde a que ahora se hagan cosas mal, pero al menos se ha fichado a entrenadores como Vernoux, cosa que aplaudo, y no debemos criticar ésto cuando estamos hartos de oir voces críticas con los que dejaron ir a Wildeboer, Subirana o Murio, o que no han sido capaces de rescatar a Sergi Lopez entre otros por ejemplo, con reconocidos resultados a sus espaldas.
    Sin entrenadores no hay nadadores, y sin Mireias, Melanies o Erikas no tendremos Casanovas, Jimenas, Solaeches, Dascas, Ignacios… y tantos otros que siguen sus estelas. Si al menos, lo básico para un nadador, que es el entrenador no se lo ofrecemos mas vale que cerremos el chiringuito.
    Por tanto creo que hay que echar la vista atras, y ver cómo estábamos, y auqneu todo mejorable hay que ser un poco más positivo, y no sólo ver lo negativo. Dentro de un país en una profunda crisis económica, donde otras Federaciones no tienen ni para entrenadores, nos podemos sentir privilegiados.
    Saludos desde Barna

  3. Juan Pérez dice:

    Hola Manel: Discrepo con algunas de tus opiniones. En todo caso, no quisiera dar una imagen catastrófica, me remito a los datos. ¿Una federación que está pidiendo dinero a los internacionales infantiles y junior puede permitirse el fichaje de otro entrenador por 60.000 euros anuales aprox? No sé si Carpena mejora lo anterior, pero su gestión deja mucho que desear (es una opinión). En cuanto a que la natación española puede sentirse privilegiada, yo diría que quienes pueden sentirse privilegiados son ellos, directivos y técnicos. Ganar sueldos superiores a los 60.000 euros en un país arruinado y con una federación que se tambalea, no sé… Un saludo.

  4. Anónimo dice:

    Aquí el problema de nuestro dirigentes es el siguiente:»no se juegan su dinero» juegan con el de los demás.
    Un poco más de honorabilidad (en todos los sentidos) no nos vendría nada mal y sobre todo el hacerse consciente que muchos de los padres que tienen que mandar a sus hijos a la selección quizás hagan en sus casas grandes esfuerzos para que los chicos asistan a esas concentraciones (grave crisis en la que nos encontramos, muchos de los padres»sin trabajo»)que luego ¿les sirve para dar un paso mas en su carrera deportiva?…. en algunos casos será así, en otros muchos no.
    Si a todo esto unimos que conocemos las cantidades que los dirigentes de la Federación están cobrando, se te cae el alma. Las decisiones deben pensarse mucho antes de tomarlas, y sobre todo ver como afectan a todos los perjudicados por las mismas. Nos vendría bien mirar a nuestro alrededor en vez de nuestro propio ombligo.

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