Daniel Sánchez ‘Chapi': brazadas contra la fibrosis quística

Fabio Zamarreño

La mayor parte de las ocasiones estamos empeñados en buscar ídolos televisivos, gente a la que admirar pero a la que jamás podremos ver o tocar. Esto se acentúa aún más en el deporte, donde por ejemplo estamos, en este mismo instante, a la expectativa del retorno a las piscinas de la leyenda por antonomasia de la natación: Michael Phelps.

En un deporte de competición siempre va a ser admirado el mejor, el que llega más lejos mediante su esfuerzo y disciplina. Aquél cuyo sacrificio personal le ha llevado a lo más alto, y desde esa posición se convertirá en un ejemplo de superación para el resto de nadadores.

 Pero existe otra natación. Una natación que precisamente lleva estos valores de superación, sacrificio y lucha mucho más lejos, al extremo, pero que por desgracia no es tan reconocida mediáticamente como la de alto rendimiento. Cuando van pasando los años (corregidme si me equivoco), todo deportista va dándose cuenta de que, más allá de las medallas o trofeos, más allá de marcas o puestos, el deporte le ha aportado una serie de elementos a su personalidad que serán recordados de manera mucho más gratificante que los premios guardados en un cajón.

 Para quien no se haya dado cuenta todavía, hablo de los deportistas con algún problema de salud o una discapacidad física. Nadadores enfermos cuya lucha comienza desde el primer día que tocan una piscina, y que muchas veces tenemos más cerca que Mireia Belmonte, Phelps, Rafa Nadal o Gasol, pero de los que no siempre sabemos apreciar y aprender todo lo que deberíamos. Este artículo es una reivindicación de esta forma de deporte tan poco conocida, pero también es un aviso a navegantes: un toque de atención a aquellos que tienen la suerte, y sí, digo suerte, de poder compartir entrenamientos con una persona enferma o discapacitada, que podrá enseñarle mucho más acerca de la vida que un vídeo de natación o las indicaciones de un entrenador.

 Como no me gusta hablar de lo que no sé, voy a personalizar este artículo en la figura de Daniel Sánchez Chapinal, cuyo caso conozco de cerca. Eso no quiere decir que este escrito no sea válido para que todos aquellos deportistas que se sientan identificados, y ante todo, espero que suponga un punto de inflexión en el tratamiento de este tema, y podamos ir acumulando poco a poco más testimonios acerca del día a día de estos nadadores u otro tipo de atletas.

 Antes de presentarlo, me gustaría contar cómo le conocí. Me encantaría hablar con objetividad de él, pero me resulta casi imposible, y aquellos que tengan la oportunidad de conocerlo, sabrán bien por qué lo digo. Cuando llegué al CN Leganés, hará cosa de tres años, había un chico muy simpático fuera del agua; me dijeron que no podía entrenar mucho, pero en ese momento no le di importancia. Cuando salí del agua estuve hablando con él, y me contó que compartíamos afición por la lectura. Se le veía un chico bastante sano, por lo que me sorprendí bastante cuando me pidió que le recomendase algún libro para aquellas épocas bastante largas que pasaba ingresado en el hospital, y en las cuales “se aburría bastante”. Todo ello lo dijo sin el menor victimismo y con una naturalidad que me dejó boquiabierto.

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 Quizá así escrito no tenga demasiado sentido, pero ese momento lo recordaré siempre como uno de los más duros pero a la vez más bonitos y emocionantes de mi vida. Cuando pregunté a mis compañeros qué le pasaba, porque no me atreví a hacerlo con él, me comentaron que tenía fibrosis quística. A partir de ahí Daniel se ha convertido en un referente para mí, y en mis malas épocas siempre acudo a él sabiendo que si con sus condiciones puede dedicarnos una sonrisa y una palmada de ánimo cada día, ninguno de los demás estamos en condiciones de poner malas caras gratuitas o sentirnos desgraciados sin una razón de peso.

 Daniel Sánchez, a quien llamaré Chapi a partir de ahora, pues es el apelativo cariñoso con el que solemos mencionarle –y simple y llanamente quiero llamarle así en el texto–, nació el 6 de enero de 1995, un gran regalo de Reyes. Al poco tiempo comenzó a nadar, con tan sólo tres años.

 La vida golpea sin miramientos, y con tan sólo cuatro años le fue diagnosticada fibrosis quística, una enfermedad genética que afecta principalmente a los pulmones, y en menor medida al páncreas, hígado e intestino, provocando la acumulación de moco espeso y pegajoso en estas zonas. Aunque los adelantos médicos han facilitado enormemente la vida a los enfermos, es una patología complicada y que requiere atención constante y mucha investigación. Hago un paréntesis para que reflexionemos sobre dónde están tirando nuestros impuestos, y sobre si deberían ir prioritariamente a la investigación médica y mejora de vida de las personas, o a los bolsillos de quien se está riendo de nosotros. Ahí lo dejo.

EXCELENTE TÉCNICA Y ENVERGADURA

 Chapi, pese a su enfermedad, ya demostró una gran valentía al atreverse a entrar en el Club Natación Leganés con seis años. Quienes lo vieron nadar durante la época en la que más o menos podía entrenar lo mismo que los demás –yo no tuve esa suerte– aseguran que su excelente técnica y su envergadura podrían haberlo llevado muy lejos en la alta competición. No creo que sea una cosa que le preocupe excesivamente… quizá esa es la segunda lección que debemos aprender: cada uno vive su pequeño microcosmos, pero en ocasiones debemos relativizar la importancia que tiene cada aspecto de nuestra vida, y mirar a nuestro alrededor decidiendo si realmente estamos actuando con serenidad. Es otra de las cosas que nos ha enseñado Chapi estando a nuestro lado.

 Con respecto a compatibilizar los entrenamientos, el nadador dirá lo siguiente:

 “De pequeño, mis primeros recuerdos de la enfermedad son que llegaba tarde todos los días a clase por tener que hacer mi terapia matutina; casi todos mis compañeros sabían ya la razón por la que llegaba tarde, y todos lo respetaban. Cuando fui haciéndome mayor, ya yendo al instituto, por ejemplo, tenía que luchar contra lo que todos los nadadores (falta de tiempo para estudiar y entrenar), pero con el hándicap añadido de tener que dedicar ciertas horas del día al cuidado de mi enfermedad y a las revisiones médicas. Quizá cuando más note una diferencia sea cuando tengo… llamémoslo recaídas, o malas rachas, en las que tengo que faltar períodos largos al instituto, o a entrenar –que casi fastidiaba más, por no poder seguir los ritmos de mis compañeros–, o como me pasó durante una temporada, tener que salirme de los entrenamientos casi todos los días, y no poder acabarlos. También es verdad que hasta los 14 años, más o menos, en lo que respecta al deporte me sentía como cualquier otro chaval, entrenaba como el que más y los resultados eran muy buenos. A medida que he crecido me he dado cuenta que esas diferencias también han aumentado”.

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 También mencionará Chapi que quien más le ha ayudado sin duda en este camino, han sido los entrenadores, especialmente Miguel Mazariegos. Cuando a los quince o dieciséis años los grupos empiezan a especializarse para la competición, a él, que no podía ya seguir el ritmo, le hicieron sentirse como uno más. Le dedicaron charlas al finalizar la temporada, le concedieron el premio al mérito deportivo de la Comunidad de Madrid (¡Firmado por la mismísima Esperanza Aguirre! ¡Gracias Esperanza!, ¡ahora sabemos que tienes corazón!). Pero quizá una de las cosas que recuerda con más ilusión fue cuando Pedro Malpartida –campeón de España en 50 y 100 libres en su categoría ese mismo año–, su mejor amigo y a quien sólo dedica palabras de agradecimiento por facilitarle las cosas, le entregó personalmente un trofeo en reconocimiento a su constancia y ejemplaridad, en una exhibición organizada por su club. Por tanto, los compañeros, tanto Pedro como los demás, tuvieron una labor fundamental en su integración en el club.

CATEGORÍA NO RECONOCIDA

 Pero tampoco todo son facilidades:

 “El deporte para personas con problemas de salud es algo que desconozco [Chapi siempre ha tenido que competir en la categoría habitual]. Sí es verdad que he investigado si podría nadar en paralímpicos, pero no se reconoce mi enfermedad en ninguna categoría. También me he informado acerca de la federación de natación adaptada: allí sí podría nadar, pero yo soy de Madrid, y por ahora es sólo un proyecto que me gustaría realizar en algún momento”.

 También quiero decir aquí que, no en todos los momentos la labor de Chapi fue totalmente reconocida por sus compañeros y el club. En algunas ocasiones se recibieron quejas acerca del hecho de que Chapi entrenase en el grupo absoluto con sus amigos “cuando había otros nadadores que tenían mejores tiempos”. No voy a entrar, ni muchísimo menos, en ese tema, pero dejo al lector que juzgue por sí mismo este tipo de comportamientos, que son los que me gustaría exterminar con pequeñas acciones como escribir este artículo.

 Afortunadamente sus compañeros –los de verdad– pusieron el grito en el cielo, y, como no podía ser de otra forma, se quedó en el grupo, aportando muchísimo más que cualquiera del resto, por muy buenos tiempos que tuviesen o muchas medallas que trajeran de las competiciones.

 Ante la pregunta de si cree que se hubiera sentido mejor en un grupo adaptado, con gente en sus mismas condiciones, contesta un no rotundo: “El entrenar en un grupo corriente te hace sentirte completamente normal, si es que podemos considerar que las personas enfermas no son normales. No ha tenido más que efectos positivos, tanto físicamente por lo necesario del deporte aeróbico para mis pulmones, como sobre todo mentalmente”. También añadirá que “creo que me ha beneficiado totalmente estar en un grupo de entrenamiento corriente, es una forma de no ponerte limites, aunque sí que es verdad que ahora que lo he vivido, me gustaría conocer otros círculos donde pueda nadar, entrenar y competir con gente similar a mí, progresar de otra forma”.

 Como reflexión final, también reproduzco sus palabras:

 “Aconsejo a todo el mundo en una situación similar a la mía que haga deporte, ya que es casi tan importante como tomarte una pastilla, a veces incluso más, y si llegáis a sentir u os ayuda la mitad de lo que a mí, será un rotundo éxito. A los nadadores y deportistas en general les diría que intenten aprender el máximo de personas que están en otras condiciones, que se puede aprender mucho de ellos, que el deporte se puede ver desde muchas caras, y que todo tiene su lado positivo”.

Imagen: Pedro Malpartida y Chapi.

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6 Respuestas

  1. ferranb dice:

    Excelente artículo: por la forma, muy bien escrito; por el contenido, expresivo y muy emotivo.
    Enhorabuena Fabio y enhorabuena Chapi.

  2. del pino dice:

    QUE TIO MAS GRANDE CHAPI!! Y grande fabio por este articulo.

  3. sergio dice:

    un grande yo os recomiendo disfrutar de un cto de españa de natacion adaptada o pasarse por la piscina de inef de madrid de lunes a viernes de 6 a 9 de la tarde para ver la otra natacion (la adaptada), no siempre tenemos el mismo reconocimiento que la convencional pero el esfuerzo y sacrificio es el mismo.

    gracias fabio por escribir sobre la otra natacion

  4. watalba dice:

    Yo realmente al leer el articulo no se si dar las gracias o insultar (cuando leo algo genial , o escucho música que me llega al corazón, a veces me sale un que bueno es el «cabrón» este) a sus dos creadores

    En primer lugar siento envidia de lo bien que escribes, y en segundo lugar habéis conseguido que me emocione, por lo tanto que GRANDES SOIS «CABRONES»

    A partir de aquí una reflexión, donde esta en este santo país el deporte inclusivo??

    Esperemos que algún dirigente de esos «anónimos» que cuando sale un tema que no les gustan nos llenan el foro de explicaciones empiece a pensar en fomentarlo.

    Mientras tanto a seguir escribiendo tan estupendamente y sobre temas tan interesantes, y a hacer largos.

    UN abrazo

  5. grandes dice:

    ¡Qué bonito! Y sobre todo que anime a Chapi a seguir luchando. Con amigos así saldrá adelante en todo lo que se proponga.

  6. Fátima dice:

    Me emociono al ver a personas con esta sensibilidad y que dan a sus amigos algo tan importante como es, el reconocimiento, la fuerza y el apoyo, esto si es la amistad.
    El artículo es estupendo, y refleja claramente como una persona aun con ciertas dificultades, puede luchar y afrontar su vida y su deporte.
    Mi más son era felicitación a Chapi por su valentía y por su afán de superación ante las vicisitudes, ánimo campeón tu puedes con todo!!!!
    S Fabio Zamarreño decirle que amigos como el es lo que necesitamos todos, sobre todo en los momentos complicados, que es cuando más se necesitan.
    Mucha Suerte en vuestras vidas. Sois fantásticos los dos.

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