¿Dónde están las voces críticas de la RFEN?

Los presidentes autonómicos y directivos de la RFEN guardan silencio ante la polémica gestión de Fernando Carpena

Juan Pérez Ortiz
annatarresAnna Tarrés

Las voces discrepantes son escasas. Y las que hay son claras: “No me cites”. Posicionarse contra Fernando Carpena, actual presidente de la Federación Española de Natación (RFEN), puede acarrear la marginación o el ninguneo, cuando no ambas. El entramado de intereses y favores entre la RFEN y la mayoría de federaciones autonómicas bloquea cualquier tipo de crítica o iniciativa contraria a la política de la entidad gestora de la natación española. Aquí está la clave. Deshacer esa madeja es casi imposible. El presidente de una entidad autonómica mostró durante un tiempo su disconformidad con alguna de las decisiones de Carpena. A los pocos días ya tenía un cargo en la Comisión Delegada de la RFEN. Asunto zanjado.

Si Carpena cae, será porque lo ha hecho muy mal. Fatal. Si esto sucede, será porque la situación es insostenible, no porque haya una alternativa seria y consolidada. El varapalo que se ha llevado la RFEN con la sentencia que le obliga a indemnizar a Anna Tarrés con 383.000 euros puede ser la puntilla para Carpena. Es el segundo chasco que se lleva el presidente, quien ya fue obligado a readmitir a un empleado despedido por supuesto uso fraudulento de las horas sindicales. Los marrones se amontonan en la mesa del presidente de la natación española, cuyo futuro es gris: aún tiene pendiente varios procesos judiciales más, entre ellos una denuncia por fraude y apropiación armada por el que fuera gerente de la RFEN, Jesús González, que se llevó una indemnización millonaria tras ser despedido. Y González no es un cualquiera, sabe como nadie los  tejemanejes que se cocían en la federación. En este sentido, ha denunciado el destino de 600.000 euros que el Consejo Superior de Deportes (CSD) prestó a la RFEN para los Mundiales de Roma. Sin embargo, el dinero fue desviado, supuestamente, a pagar las indemnizaciones del exdirector técnico de la entidad, Maurizio Coconi, y del propio González. “González no parará hasta que se cargue a Carpena”, afirma un directivo territorial que pide mantener el anonimato.

Así están las cosas en la natación española, cuyas altas esferas están en entredicho mientras un buen puñado de técnicos y nadadores trabaja casi a destajo con vistas a las diferentes competiciones internacionales que se celebran en las próximas semanas. Resulta sorprendente el silencio del grueso de los presidentes y directivos autonómicos ante la polémica gestión de Carpena, aunque un vistazo a los nombres de los responsables de las diferentes comisiones y áreas de la RFEN da alguna pista. Por ejemplo, la Comisión Ejecutiva. Dos de sus miembros, Juan Viota y Juan José Dueñas, son los presidentes de dos de las federaciones más potentes, la andaluza y la madrileña; otro, Pere Robert, es el vicepresidente del área deportiva de la catalana. Entretanto, Elena Mena entró en la RFEN de la mano de Carpena y se ocupa del área de expansión. Pero hay otros directivos de territoriales en diferentes comisiones y áreas. El grado de independencia, pues, de la mayoría de territoriales es más que cuestionable.

“No entiendo cómo se vende la gente por un cargo y unas cuantas comidas gratis”, asegura el presidente de una federación autonómica, que ilustra mediante una anécdota el carácter de Carpena: “Cuando quedamos para comer me dice que elija el sitio e invite a quien yo quiera”. ¡Barra libre!, que paga la RFEN. ¿Y cómo se financia la RFEN? Con dinero público, principalmente. En este aspecto, el máximo organismo de la natación española tiene un problema: la subvención del Consejo Superior de Deportes (CSD) se ha reducido drásticamente. Ha pasado de 4,5 millones de euros a 1,5. Esto supone que la RFEN ha tenido que tomar alguna medida, como adelgazar la plantilla y bajar los sueldos. Uno de los afectados ha sido el propio Carpena, que ha perdido un 20% de salario. Sin embargo, el presidente lo compensa con los gastos de representación: cada día que no está en su despacho tiene asignada una dieta. Y Carpena no es de estar mucho en la oficina, por lo visto.

 

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