El principal embajador de las aguas abiertas dice basta

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Si alguien ha contribuido a difundir las aguas abiertas, especialidad olímpica desde 2008, ése es Thomas Lurz, el multicampeón alemán que antes de anunciar su retirada la semana pasada ya había alcanzado la categoría de leyenda.

Sus 12 títulos mundiales y dos medallas olímpicas le avalan. A sus 35 años, Lurz se retira como vigente campeón mundial de 25 kilómetros, título que consiguió en Barcelona 2013, donde también se colgó la plata en los 10km y el bronce en los 5km. Toda una institución.

La motivación y presión que tengo no es comparable a la de antes de los Juegos de Londres 2012”, afirmó Lurz antes del Mundial de 2013; “aun así, un Mundial siempre es algo especial”. Derrotado por el tunecino Osama Mellouli en los Juegos de Londres, el míto alemán dijo: “No tengo nada que reprocharme. He dado lo máximo. Osama, simplemente, ha sido un poco mejor. En Pekín 2008 cometí un error durante la carrera, pero en Londres no fue así”.

Tras Barcelona 2013, Lurz era consciente de que Río 2016 quedaba muy lejos. “Tendré 36 años, demasiado mayor. Tengo que planear el futuro”. La idea de retirarse tomó cuerpo el pasado diciembre. Pero fue hasta hace unos días, cuando se encontró tirado en el sofá de su casa en vez de en el gimnasio, cuando decidió dar el paso y mirar con orgullo una carrera plagada de títulos: 27 campeonatos alemanes, cinco coronas europeas, 12 mundiales, el bronce olímpico de 2008 y la plata de 2012. ¿Cómo vencía el hastío en la piscina? “Siempre he tenido una motivación. Si no era mi siguiente reto era batir a mis compañeros de entrenamientos. Siempre había algo”. Lurz recorría a nado unos 3.500 kilómetros anuales.

Cuando hace unos le preguntaron cuál había sido su carrera más dura contestó que una prueba de la Copa del Mundo disputada en Setubal: “El agua estaba a 16º. En estas condiciones da igual lo que hayas entrenado; quien mejor resista el frío será quien se lleve la victoria. Pierdes la sensibilidad en las manos, el cuerpo tiembla, te congelas…”. El campeón teutón tenía muy claro qué era aquello que endurecía: “Hay que sobrepasar muchas veces tus límites, apretar los dientes y superarte a ti mismo. Aprendí muy joven a sufrir y soportar el dolor. Nadie te va a ayudar en el agua; ahí estás tú solo”.

Entrenado por su hermano Stefan, Lurz comenzó a competir a los siete años. Ganó su primera carrera. El primer título mundial de 10km llegaría en Dubai 2004: se impuso con una ventaja de seis segundos al británico Alan Bircher y de 24s sobre el ruso Danill Serebrennikov. Entonces las aguas abiertas eran una especialidad minoritaria. Los nadadores eran apenas eran considerados, ni siquiera por la federación internacional. Todo cambió cuando la especialidad se convirtió en olímpica en 2008. Cuatro años después, 60.000 espectadores asistieron a la prueba de Londres. “Fue increíble”, recordó Lurz en una entrevista en el diario Spiegel; “no creo que fuéramos considerados atletas de segunda clase, simplemente había muchos más nadadores de piscina que de aguas abiertas”.

Todo un caballero”, ha dicho el técnico norteamericano Sid Cassidy, seleccionador de su país desde 1991 hasta 1996; “grande en cualquiera de las circunstancias que se dieran”.

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