Fátima Gallardo, ante la máxima exigencia

La nadadora extremeña, de 16 años, prepara su segundo Europeo junior

Juan Pérez Ortiz
FATIMA GALLARDO2
 

“Las niñas vienen muy fuerte”, dice la valenciana Lydia Morant. Las niñas son, entre otras, Fátima Gallardo, extremeña de Badajoz, 16 años recién cumplidos, una de las junior españolas que viene pisando fuerte por detrás, con metralla en las manos y los pies, un físico imponente (1,85m) y talento natural. Una de las nadadoras que está llamada a coger el relevo de algunas de las mejores internacionales españolas, siempre que la progresión cumpla las expectativas. “Fátima es puro talento”, afirma José Alberto Cacho, quien entrenó a la extremeña durante 10 años, hasta que hace ocho meses dio el salto al Centro de Especialización de Cáceres, donde ahora vive, estudia y devora kilómetros a diario. El próximo junio participará por segundo año consecutivo en el Europeo junior, donde nadará los 100 y 200 libres y los relevos. El año pasado, en Amberes, ante nadadoras más mayores, acabó la 13ª en 50 libres, batiendo la mejor marca nacional de 15 años. También nadó los 100, 200, el 4×100 libres y el 4×200 libres, consiguiendo el bronce junto con Marta Ruiz, María Vilas y Andrea Lope en esta última prueba.

 La natación de competición es un deporte practicado por niños que exige un sacrificio y dedicación muy superior a la mayoría del resto de deportes u oficios. Adaptarse a esa exigencia requiere de grandes dosis de madurez y coraje. No todos están por la labor ni soportan una vida espartana con un régimen de entrenamientos durísimo. Y menos con 15 o 16 años, lejos de casa y de la familia. Fátima sabe algo de esto. Hace unos meses hizo las maletas en dirección a Cáceres. Dejó a su familia y a su entrenador de toda la vida en Badajoz. Rumbo a lo desconocido. El cambio fue muy brusco. “Le ha costado adaptarse”, cuenta Cacho; “ha sufrido mucho, pero está saliendo del bache. En Cáceres está en buenas manos y confían mucho en ella”. Los cambios le explotaron a Fátima delante de sus pies nada más llegar a Cáceres. De entrenar con un técnico que la conocía como nadie a asimilar métodos nuevos, más kilómetros, mayor exigencia, un nuevo hogar, otro entorno. “Es una cuestión de paciencia”, asegura su padre, Manuel. “Le está costando, pero tienen mucha confianza en ella”. “Lo pasé mal”, explica Fátima; “estar fuera de casa, sin mis amigos del instituto, sin mi entrenador de siempre…”.

 Fátima disputará el próximo julio el Europeo junior de Poznan (Polonia). Ya tiene experiencia en competiciones internacionales y absolutas. En el Europeo tiene una excelente ocasión para ratificar su calidad y el trabajo realizado en Cáceres con Rafa Castellano y Serafín Calvo Rubio. Un trabajo que le ha costado lo suyo asimilar. Algunas de las claves las da Cacho, su anterior entrenador, un hombre que estudio INEF en Madrid y durante cinco años absorbió los métodos de los técnicos Paul Wildeboer y Alberto García Bataller en la Blume. “En Badajoz teníamos limitaciones, ni mucho menos contamos con los medios de Cáceres, donde Fátima puede compaginar con mayor facilidad los estudios y la natación”, considera Cacho; “de todas formas, yo hubiera optado por otro planteamiento. Fátima sufría mucho con el volumen de kilómetros; soportaba muy bien la intensidad, pero mi experiencia con ella me dice que cuando le metes mucho volumen lo acusa. Hay que medirle muy bien el entrenamiento, porque sino te puedes pasar de rosca. Ella necesita llegar más fresca a las competiciones. Yo creo que algo de esto ha pasado. En todo caso, los resultados dirán si el cambio le ha ido bien, igual el que se equivoca soy yo”.

 Estos días está concentrada junto con el resto de la selección junior en Sierra Nevada. “Lo estoy llevando mejor que en concentraciones anteriores, pero estoy agotada”, afirma Fátima, que está en 4º de la ESO. Con dos sesiones de agua y una en seco, afina su puesto a punto para Poznan. El agua y los libros llenan su vida. En Fátima hay puestas muchas expectativas. Y es normal. Nadadoras como ella no salen todos los días. “Al mes y medio de comenzar a entrenar, cuando era una cría, ya destacaba”, cuenta su progenitor. “La gente nos decía: ‘tu hija va a llegar lejos”. Fátima llegó a la piscina para corregir y evitar problemas en la espalda. Desde bien pequeña era muy alta. Los resultados llegaron enseguida. Pese a que su especialidad es el estilo libre, ha dominado con fluidez la espalda y la mariposa. Ahora mismo cuenta con las mejores marcas nacionales de 100 y 200 metros libres de 14 y 15 años en piscina olímpica y con las mejores de 50 (13 años) y 50, 100 y 200 (14 años) en piscina corta. Es obvio que estamos ante una nadadora con un potencial tremendo, en pleno proceso de adaptación a la mayor exigencia. “El ambiente que hay en el grupo es fenomenal”, revela la nadadora extremeña, que contribuye al notable estado de salud de la cantera española.

* En la foto, de izquierda a derecha: Marta Ruiz, María Vilas, Fátima Gallardo y Andrea Lope.

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