Alba Díaz Ceballos: los genes iban sin pedales

alba

Alba Díaz nació el mismo año (1998) que su padre, el ciclista cántabro Herminio Díaz Zabala, se retiró tras 12 años como profesional. 17 años después del nacimiento de su primera hija, uno de los mejores gregarios que ha dado el ciclismo español, ganador de la Tirreno-Adriático en 1991, disfruta con el último logro de su hija mayor, quien se ha clasificado para el Campeonato de España absoluto de natación, que se disputa el próximo julio en Barcelona. Y esto, en Cantabria, es motivo de celebración. “Es una lástima que no haya una sola piscina cubierta de 50 metros en toda Cantabria. Lo cierto es que los chavales y entrenadores tienen un mérito enorme”, considera Díaz Zabala, cuyo nombre se asocia a la década de los noventa, al equipo ONCE principalmente. Fue precisamente en el Liberty Seguros, heredero del ONCE, donde el cántabro desempeñó en 2006 su último trabajo vinculado al ciclismo. “Ahora estoy en modo pausa”, asegura.

herminio

En los genes no iban los pedales. Los tres hijos de Díaz Zabala, dos chicas de 10 y 17 años, y un chico de 14, han optado por la piscina. “La verdad es que no he fomentado el ciclismo”, cuenta el exciclista cántabro, quien afirma que ya no sale en bici por falta de tiempo. “Me resulta más cómodo salir a correr. ¡Pero me da envidia cuando veo a la gente por la carretera! Mi hermano Pedro [el exciclista profesional también], por ejemplo, sigue saliendo todos los días”. La natación llegó al hogar de la familia Díaz Ceballos como llega a otras muchas casas. “Queríamos que aprendieran a nadar y empezaron en la escuela del Club Natación Torrelavega. Luego les han ido proponiendo competir; todo de manera natural, sin forzar nada”.

Alba ha conseguido las mínimas para el Nacional absoluto en los 50 y 100 espalda. Entrenada por Bernardo Bustillo, entrena un par de horas diarias de lunes a sábado, siempre en piscina de 25 metros. “El objetivo era clasificarse y lo hemos cumplido. Para el Open de Málaga me quedé a apenas tres décimas de la mínima en los 100 espalda”, explica. De 1,80 metros de altura, Alba sigue los pasos de otros nadadores cántabros como Javier de la Hera, Fran de la Granja o Víctor Ingelmo. En Barcelona “sueña” con una final, pero es consciente de que no será difícil. “Me cuesta competir en piscina larga, pero vamos a prepararlo lo mejor que podamos”. Estudiante de Primero de Bachiller, admite su nerviosismo ante la cita más importante de su trayectoria deportiva. “Me da mucho respeto; estará allí toda la selección nacional…De Cantabria vamos muy pocos. Haré lo de siempre, distraerme pensando en otras cosas que no sea la prueba”. Durante la semana, la rutina de Alba es el pan nuestro de cada día en la mayoría de clubes: tiempo justo y poco espacio. “Solemos entrenar siete por calle. Así es difícil trabajar”.

La cántabra admite que nunca le ha llamado la atención el ciclismo. “Es que tampoco lo he fomentado en casa”, dice Herminio, cuya relación con la natación se remonta a sus tiempos como ciclista profesional. “Durante la pretemporada íbamos a la piscina dos o tres días a la semana”. Con tres hijos practicantes y un par de ellos compitiendo, no tiene ahora más remedio que implicarse. El próximo julio viajará a Barcelona para ver a su hija. “Mientras ellos disfruten yo estoy contento. El deporte no debe ser una obligación; debe ser parte de la formación. Yo tuve la suerte hacer de mi hobby mi profesión, pero esto no es fácil. Lo primero son los estudios”.

Díaz Zabala se desligó del ciclismo profesional en 2006, cuando siendo director del Liberty Seguros el kazajo Alexander Vinokourov ganó la Vuelta. El hijo mediano, Iván, era muy pequeño entonces. “No era consciente de lo que ocurría”. Tampoco el ciclismo había tenido un gran protagonismo en las conversaciones familiares. “Para mis hijos”, cuenta el cántabro, “que su padre haya sido ciclista es como si hubiera coleccionado sellos. Tienen otras aficiones”. En lo que respecta al deporte, la natación.

*Imagen portada: Alba Díaz; interior: Díaz Zabala, en el podio de la Tirreno Adriático (1991), cuando se convirtió en el primer español en ganar esta carrera clásica del ciclismo.

 

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