«Juan Carlos, ¡sácame del apuro!, necesito entrenar con vosotros»

José Manuel Bort, periodista de Levante EMV

Bueno, os saluda José Manuel Bort Peio, el periodista a quien Natacción ha seducido (por no decir otra cosa) para participar en la Travesía Peñíscola-Benicarló. Lo primero, he de reconocer que el reto no me asusta, sino lo siguiente. “¡¡¡Estoy acojonado!!!”, le dije al compañero de Natacción cuando me propuso esta locura. El primer entrenamiento después de confirmar mi participación, el pasado martes, lo demuestra. A los 12 largos se me encogió el estómago y a punto estuve de tirar el desayuno. Una sensación de debilidad general me impidió seguir dando brazadas y me vi obligado a parar. “¡No puede ser, si me puedo hacer 2.000 metros tranquilamente!”, me dije. Lo achaqué a un posible virus estomacal, pero conociéndome, ahora os puedo asegurar que fueron los nervios. La presión. El miedo escénico. Yo que sé… La cuestión es que bastaron una docena de piscinas para que mi cabeza rebobinara y se pusiera en situación: Meterse en la playa junto a decenas de nadadores expertos, con un margen para entrenar de poco más de tres meses, otra vez un fuerte oleaje, la corriente en contra, y con 8 kilómetros por delante. Ahí llegaron las arcadas. “Buff. Me he vuelto loco. No estoy preparado”. Por dignidad, después de tomar aire y para cumplir mínimamente, nadé al final mil metritos y dejé mi decisión sobre la aventura de Peñíscola para más tarde. Al salir del agua, me metí en la sauna, tomé asiento, y me dije: “Voy a llamar a este gente y les voy a decir que me rajo. Que la haga su padre”.

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 Sólo unas horas después, ya en la redacción del periódico, reconsideré mi situación. Repasar el artículo que escribí hace dos años, en el que contaba mi experiencia en la Travesía Tabarca-Santa Pola (6 kilómetros) que nadé con mi amigo Vicente, me hizo recuperar la confianza. Aquella, y una media maratón, son mis mayores gestas deportivas, experiencias que me sirven para sentirme, de vez en cuando, capaz de hacer logros mayores. Así que pasé otra vez del acojono a la ilusión en cuestión de minutos. “Tengo tres meses para entrenar a tope. Vamos”, me dije. Una fascitis plantar, por meterme a jugar en una liga de fútbol 7 con unas botas de cuando Scilacci marcaba goles en el Mundial de Italia 90, que rescaté de un baúl, me impiden correr desde hace tres meses. Tiempo que he aprovechado, lógicamente, para mantenerme en forma en la piscina. Nada del otro mundo, pero suficiente para estar listo para apuntarme a alguna de las travesías que hay por Valencia en verano, ninguna con distancia superior a los 2.000 metros. Nataccion me ha cuadriplicado la distancia. Pero, ¡qué narices! Si nadé de Tabarca a Santa Pola, en unas condiciones adversas (poniente, corriente en contra, mar picado), puedo prepararme para los 8 kilómetros. ¡Es el momento! Recuperada la confianza, curado milagrosamente del virus estomacal, el miércoles me examiné en la piscina a la que sólo hace dos semanas me aboné a un precio low cost: 21 euros al mes, pero con horario limitado al mediodía, justo cuando tengo un hueco para entrenar. Me hice 2.000 metros en una sesión piramidal —series de menos a más distancia y viceversa— en 40 minutos clavados. Un entrenamiento poco indicado, estoy seguro, para empezar mi plan, pero obligatorio para conocer como ando de fuerzas. Me estoy probando, qué narices.

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 No soy un nadador experto en largas distancias —ni en cortas—ni puedo ordenar mi tiempo para seguir un estricto plan de entrenamiento. Pero recibí el impagable regalo de mis padres de llevarme a nadar cuando era pequeño. Aprendí la suficiente técnica para disfrutar en el agua el resto de mi vida. Cuando volví a frecuentar las piscinas cubiertas, hace unos años, después de década y media sin hacerlo, mi ritmo normal era de 2,30 minutos a los 100 metros. Hoy bajo de los dos minutos sin forzar la máquina, ya recuperada de mis largos años de golferío. Un tiempo discretito. De nadador del montón hacia abajo. Pero no os he dicho una cosa.  El día 27 de julio habré cumplido los 45 años. Madre mía. Y yo quiero seguir progresando hacia gestas mayores. Por favor, desde aquí pido máxima atención hacia mí por parte de los voluntarios el día de la Travesía. No me quitéis ojo, haced el favor.

 Aprovecho estos días de Semana Santa para tratar de hacerme un planning, o como se llame. Pero no prometo nada. Un amigo periodista me sacó del apuro cuando lo de Tabarca. Triatleta él, me llevó varias veces a los duros entrenamientos de su club. Sesiones de 3 y 4 kilómetros, variaditas, con aletas, palas, pull y esos extraños ejercicios de técnica con extraños nombres. Ayer le envié un whatsapp: “Juan Carlos, ¡sácame del apuro!, nano. Necesito que me dejéis entrenar una vez a la semana con vosotros. Juanito me ha liado para una travesía de 8 kilómetros”. Esta fue su respuesta: “Ok, ahora vamos a tope”. Así de crudo me lo puso. “¡Estamos a tope!”. Me vuelve el miedo. Vuelvo a pensar en Tabarca. “Me tengo que poner las pilas”. Entre los horarios de periodista y la familia, el resto de días tendré que arreglármelas yo solito para intentar cumplir las tablas que ya me he sacado de internet. Ejercicios con letras y números que intento descifrar. Y tratar de convencer al socorrista de mi piscina para que me deje usar las aletas y las palas (ya les he sugerido que dejen una calle libre para esto). Y si no me cambio a la del barrio de al lado. Ya me he subido al barco de Peñíscola-Benicarló y no me pienso bajar. Os cuento como voy la semana que viene. Sin arcadas, espero.

*Imágenes: José Manuel Bort, con bañador rojo, en la travesía del Puerto de Valencia; e imagen de la travesía Peñíscola-Benicarló, de 8 kilómetros.

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4 Respuestas

  1. champion dice:

    José Manuel, entrenamientos de 3.000-4.000m variados, nada en el mar cuando puedas y hazte 2 o 3 travesías antes de la de Peñíscola. Un día a la semana hazte 6.000 con series piramidales o tres series de 2.000m. Si ya has hecho la Tabarca con esta también podrás. Ánimo!

  2. José Manuel dice:

    Gracias por los consejos. Pero, ¿una sesión de 6.000 metros a la semana? Bufff.. en todo caso, prefiero intentarlo piramidal que con tres series de 2.000. Gracias por tus consejos y por los ánimos, Champion.

  3. david dice:

    En Sedavi hay en centro de entrenamiento magnífico dirigido por todo un profesional. Vamos cuando y cuanto queremos y participamos en travesías o triatlon es aunque también hay muchos masters de todas las edades. Lo recomiendo sinceramente. Gozamos de la natación en un ambiente muy sano y divertido. Ah y ya entrenamos los que quetemos en piscina descubierta aunque para algunos como yo 23 grados son aún algo frescos

  4. José Manuel dice:

    En los últimos meses he ido a entrenar varios días a Sedaví. y me preguntaba quiénes eran esos que iban a tan a tope. Me encantó el entrenador, por cierto. Un día estuve copiando ejercicios, y todo. Iré a probar. Muchas gracias por la información, David. Ya te cuento!!!

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