La aventura americana, cada vez más extendida

Marina García, Dídac Matsuyama o Fernando Morillas son algunos de los nadadores españoles que se marchan a EEUU

Juan Pérez Ortiz
didac maysumamaDídac Matsuyama (facebook).

Sonia Pérez ha recobrado la ilusión por la natación en EEUU, donde estudia Hostelería y Turismo desde hace tres años. Tras un primer curso en Bridgeport, se trasladó a Miami para continuar con su carrera y entrenamientos. Le queda un año y medio para terminar sus estudios. “Supongo que me quedaré en EEUU”, afirma, “porque en España las cosas están fatal”. Sonia, barcelonesa de 22 años, ya no es la niña que a los 16 dejó el Centro de Alto Rendimiento de San Cugat desencantada con la natación, con la autoestima por los suelos. “Me hicieron creer que no servía, que no tenía el nivel”. En EEUU, de la mano de Randy Horner, el entrenador de la Universidad Internacional de Florida, ha vuelto a creer en sí misma, pero sobre todo a “disfrutar” de la natación.

 La aventura americana está cada vez más extendida entre los nadadores españoles. El efecto llamada provoca que cada año aumente el número de deportistas que, por distintos motivos, decide cambiar de aires. Y los nadadores no son una excepción. Marina García y Didac Matsuyama se van a sumar dentro de poco al grupo. García, plusmarquista nacional de 100 y 200 braza, recalará en Berkeley (California), mientras Matsuyama coincidirá con Óscar Pereiro y Alejandro López en Bridgeport. Ambos han gestionado su beca a través de AGM Sports, empresa que cada año lleva a las universidades norteamericanas a decenas de deportistas españoles de distintas especialidades. Pero no serán los únicos. Fernando Morillas y Celia Martínez seguirán sus pasos, aunque no saben aún su destino.

 Gonzalo Corrales es el fundador y Director General de AGM Sports. Extenista que cursó sus estudios en EEUU, impulso su empresa en 2004 y desde 2006 tiene su sede en Zaragoza. Desde que comenzó su actividad, ha tramitado la beca de más de 600 deportistas, muchos de ellos nadadores. Gerard Rodríguez, Eduard Galdeano, Alejandro López, Sonia Pérez, Óscar Pereiro o Natalia Garrote son algunos de los nadadores que han gestionado su beca con AGM. “En la natación los tiempos facilitan mucho el trabajo a la hora de determinar qué centro se adapta a las expectativas del deportista, aunque luego hay otros criterios, como el académico y el económico. Al final es un balance de estos tres factores”. Corrales habla de un porcentaje de adaptación exitosa del 95%. “Lo normal es que vaya bien; son muy pocos los que se vuelven”. Uno de los nadadores que dentro de nada marchará a EEUU de la mano de AGM Sports es Didac Matsuyama.

 Matsuyama, de 19 años, lleva tiempo dándole vueltas al asunto. No se ha ido antes porque no le surgió nada convincente. Hace dos años que salió del CAR de San Cugat para volver a entrenarse en el Premià. “He encallado en cuanto a motivación y marcas”, asegura. “En el CAR tenía más medios que ahora. Pero también ha influido la época. En la etapa junior tenía muchísima motivación, algo que luego he perdido”. Para este nadador de padre japonés y madre catalana, “en España es muy difícil compaginar los estudios y la natación. Para ello no hay mejor país que Estados Unidos”. Matsuyama ha hablado ya con el entrenador de Bridgeport, y sabe lo que quieren de él: “Me ha parecido un hombre muy cercano. Yo estoy abierto a todo lo que me digan”. En EEUU estudiará Bussines Administration. Tiene cuatro años por delante.

 La misma carrera estudió el exnadador Víctor Serra en Missouri. Desde 2005 a 2010. “Yo me lo tuve que gestionar todo”, recuerda; “es un proceso laborioso y complejo, si no estás espabilado y le dedicas tiempo es difícil. Serra asesora y guía ahora a aquellos nadadores que se lo piden. Jordi Montseny, por ejemplo, está en la Universidad de Drury, Missouri. “Hay que ver el perfil del nadador”, explica Serra, “para saber qué centro se adapta mejor a él. La edad y los tiempos marcan el camino, pero influyen otros factores. Hay veces que las universidades ya no disponen de becas y tienen que recurrir a otras”.

 El gallego Óscar Pereiro lleva tres años en Bridgeport. Es el capitán del equipo masculino de natación, un grupo joven que aspira a crecer. “Es un programa que existe desde hace cinco años. Aspiramos a crecer”. Le queda un curso para terminar la carrera de Ingeniero Informático. En Bridgeport no es el único español. Allí están Alejandro López y Rubén Giménez. El próximo curso se incorporan Matsuyama e Iván Sanginés. “Soy el primero en aconsejar esta experiencia”, comenta Pereiro, que ha bajado cuatro segundos su marca en 50 espalda desde que está en EEUU. Pero no sólo eso: también ha reforzado su crol. Pese a obtener en el Open de Pontevedra la mínima para el Mundial en 50 espalda, se quedó fuera por ser la tercera marca. “Al Open llegué un poco pasado porque dos semanas antes tuve el Nacional americano. Tenía ilusión por estar en Barcelona, pero no ha podido ser”. Cuadrar los calendarios de ambos países no es fácil para los españoles que estudian fuera. “Quizá en España deberían ser un poco más abiertos en cuanto a las competiciones clasificatorias para los distintos campeonatos internacionales”, sugiere.

«VOLVÍ A CREER EN MI MISMA»

 Sonia Pérez se marchó con un nivel de inglés básico. En Bridgeport estuvo a gusto: “Cada día aprendes cosas nuevas, la gente es muy agradable y acogedora. No me costó nada adaptarme”. Sin embargo, el equipo no cumplía sus expectativas y buscó uno más competitivo. “Yo buscaba un equipo de División 1. El nivel de exigencia de Bridgeport era flojo”. El cambio no fue fácil al principio. Todo lo contrario. La intensidad de los entrenamientos después de una temporada llevadera se le hizo cuesta arriba, además de que le provocó una tendinitis en el hombro. “Fue muy duro. Llegué a pensar que quienes me habían hecho creer que no tenía nada que hacer en la natación tenían razón ”, explica.  Pero el panorama cambió con el paso de los meses. “Horner es el mejor entrenador que he tenido en mi vida. Me hizo creer en mí de nuevo. Incluso me introdujo en los 400 estilos, además de la espalda, marcándome unos objetivos altísimos. Al principio me reí en su cara”. El caso es que Sonia ha mejorado sus tiempos considerablemente, vuelve a sentirse nadadora, tiene una media académica de 7,8 y una ilusión desbordante. Atrás han quedado los tiempos en que la echaban del entrenamiento y se sentía mal.

 Víctor Serra explica que la adaptación no siempre es fácil. Ahí está el caso de Sonia Pérez en Miami, donde tardó un tiempo en encontrarse a gusto. La granadina Estela Orozco se volvió enseguida de Oklahoma. “Es una experiencia que yo le recomendaría a todo el mundo, pero hay que tener las cosas muy claras”, afirma Serra. “Si no estás en lo que tienes que estar te vuelves a las primeras de cambio”. Serra se adaptó pronto, tanto en el terreno académico como deportivo. “Los entrenamientos no eran una barbaridad, pero yo mejoré mis tiempos en todas las pruebas”. También Sonia Pérez ha experimentado una mejoría. En realidad, la mayoría de los que se van progresan. Y algunos, como Sonia, hasta se reconcilian con el deporte que llevan practicando desde críos.

 

 

 

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