“La huella personal que mi padre dejó en sus nadadores me impulsó a entrenar”

Olaf Wildeboer se refiere por el nombre a su padre, Paul Wildeboer. “En cuanto salíamos de casa cambiábamos el chip. En casa era papá, y en la piscina era Paul”, explica el nadador olímpico, que entrena desde el verano de 2014 en Copenhage, adonde llegó pocos meses después del fallecimiento de su padre. La costumbre permanece inalterable. Cuando Olaf habla del Paulus entrenador, habla de Paul. Cuando el asunto es más personal, Paul se convierte en “mi padre”, el hombre que guió las carreras de sus hijos y de un buen puñado de nadadores españoles.

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Poco antes de coger un vuelo de regreso a Dinamarca tras pasar las Navidades en Barcelona, el explumarquista español de 200 y 400 metros libres habla de su experiencia como entrenador en el principal club de la capital danesa, el Hovedstadens Svømmeklub. A los 32 años, Olaf tiene sentimientos contradictorios con la profesión de entrenador. Por una parte le apasiona y la disfruta; por otra considera que es demasiado sacrificada y deja poco margen para otras aficiones. Sabe de qué habla puesto que desde crío vivió esta situación: tanto su padre como su madre (Winnie Faber) eran entrenadores. “Siempre pensé que no era una profesión para mí”, asegura Olaf, quien tiene la doble nacionalidad española y holandesa. En los Juegos de 2004 representó a España en los 200 libres, donde finalizó 15º; a partir de 2006 decidió nadar por Holanda. Las razones del cambio fueron explicadas por el mismo nadador en una durísima carta contra la federación española. Pera esta es otra historia.

¿Cúanto tiempo llevas entrenando en Dinamarca y cómo surgió la posibilidad de trabajar allí?

Estoy desde el verano de 2014. Desde 2012, cuando me retiré definitivamente, me lo habían ofrecido un par de veces, pero no me decidí hasta el año pasado. Es el club más grande de Copenhage, producto de la fusión de varios clubes. El puesto me lo ofreció Lars Sorensen, que fue quien contrató a mi padre como seleccionador danés. Sorensen dejó la federación tras 12 años para comenzar una nueva etapa en este club. Él fue nadador (olímpico en 1988 y 1992), conocía a mi padre y me conocía a mí. La relación que mantenemos fue determinante a la hora de aceptar el trabajo. Es un proyecto bonito y ambicioso.

¿Qué tal la experiencia hasta ahora?

El primer año fue muy duro. Entré como asistente del primer entrenador. Fue frustrante porque no pude poner en práctica mis ideas. Esta temporada, sin embargo, estoy de responsable del primer equipo. Tengo un grupo de 24 nadadores.

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¿Siempre quisiste ser entrenador?

Mi padre me decía que sería un buen entrenador. Yo no tenía el talento de mi hermano [Aschwin] en la piscina, pero siempre fui observador, me interesaban los detalles de la preparación, exprimir al máximo el rendimiento… Al mismo tiempo consideraba que la vida de entrenador era muy sacrificada, con esos horarios, la falta de tiempo para viajar o hacer otras cosas, siempre pendiente del calendario deportivo. No lo veía para mí. Sin embargo, lo que acabó convenciéndome fue la huella personal que mi padre dejó en la mayoría de sus nadadores. Se trataba de algo más que el rendimiento deportivo; era el aspecto humano. Cuando mi padre falleció, comenzaron a llegarme este tipo de mensajes, gente cuyas vidas y carácter estaban marcados por la relación con mi padre. Esto es algo muy bonito. Me hizo cambiar el chip. Y la verdad es que me está gustando.

¿Qué influencia tiene el Paulus entrenador en tu trabajo?

Evidentemente, tantos años junto a Paul en la piscina han dejado huella. Con él pasamos por varias fases, desde los años 90, cuando hacíamos volúmenes de hasta 110km semanales y comenzamos a trabajar con el lactato, hasta la última fase de su carrera, cuando concluyó que hacer tanto kilómetro no servía para nada. Creo que la manera más efectiva de trabajar es tratar de individualizar lo máximo posible la preparación. Yo trabajo con cuatro programas que se adaptan a las distintas características de los nadadores. No creo que el mismo entrenamiento sirva para todos. Un ejemplo: si un día toca hacer pecho en el gimnasio, no puedo pretender que todos levanten 100kg. Otro aspecto fundamental es la técnica. Paul le prestaba una gran atención. Me parece fundamental.

¿Y qué peso tiene Jacoo Verhaaren (actual seleccionador australiano), con quien entrenaste dos años?

Jacoo y mi padre tenían filosofías diferentes. Paul era muy duro, muy exigente con el nadador, incluso un punto obsesivo. Jacoo es más flexible. Si a Paul le decías que te dolían los hombres, que se te caían a trozos del cansancio, te contestaba: ‘vale, ponte a hacer pies’. Jacoo analizaba un poco más la situación. Pensaba: ‘Coño, este tío igual está saturado’. Te mandaba a casa para que volvieras pletórico.

¿En qué estado se encuentra la natación danesa?

Los resultados son espectaculares. Para un país con 5,5 millones de habitantes, son impresionantes, sobre todo en chicas. Y no creo que hagan las cosas mejor que los españoles. Las características físicas de las danesas ayudan mucho. Son altas, de caderas estrechitas, poco culo y pecho. Lo ideal para ir rápido en el agua. Tienen buena materia prima. En España, las chicas son más bajitas y tienen las caderas más anchas, quizá por eso acaban haciendo pruebas de fondo.

En chicos, los daneses son más flojos. Están más dispersos, entre el fútbol y el balonmano, que tiran mucho. Es más difícil sacar chicos. En mi grupo, por ejemplo, cuento con 15 chicas y nueve chicos.

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¿En Dinamarca también hay centros de alto rendimiento?

Sí, hay uno. Entrenan en la misma instalación que nosotros, en las calles de al lado. El problema que tenemos nosotros es el mismo que tienen muchos clubes españoles. La instalación es de gestión municipal y disponemos del tiempo que disponemos. Tratamos de sacar el máximo rendimiento a las horas. El nivel de este club era modesto; ahora estamos entrenando de la manera correcta.

¿Cuáles son los horarios de entrenamiento?

Entrenamos de 05:45 a 07.30 y luego por la tarde hay una á sesión de seco y otra de agua de un par de horas.

¿Qué expectativas tienes?

He subido escalones muy rápido, gracias entre otras cosas a ser quien soy. Es difícil alcanzar en tan poco tiempo las experiencias que yo he tenido a los 32 años. De ayudante he pasado en apenas un año a entrenador del primer equipo. Es posible que renueve cuatro años más. Lo más difícil de Dinamarca es la dureza de clima, además de que todas mis amistades cercanas están en Barcelona. La gente es más cerrada aquí. Por otra parte, la situación económica en Dinamarca es muy buena. El nivel de vida es caro pero los sueldos son altos. En principio no me planteo irme a España.

¿Cómo ves el nivel de la natación española?

Creo que se están haciendo las cosas mejor que hace años. Se ha invertido en los centros de alto rendimiento, aunque quizá se esté descuidando a los clubes, que son la verdadera fuente de nadadores. Me consta que la situación económica en los clubes es mala, y esto quizá acabe pasando factura con los años.

*La imagen de portada es de Niels Ahlmann Olesen para el medio digital www.bt.dk; dentro, un Olaf aun en activo con Paulus al fondo; con su padre y su hermano en los Juegos de Atenas; y con su actual grupo de nadadores (facebook).

 

 

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