La Regla de las 10.000 horas vs. El gen deportivo

10.000 dentro

Parece demostrado que cualquier edad es buena para practicar la natación de forma lúdica. Desde que un bebe tiene unos meses hasta la más avanzada tercera edad la natación puede aportar beneficios indiscutibles a nuestra salud. Pero si se trata de decidir cuándo empezar a practicarla para llegar a ser un nadador de élite la cosa no es tan clara.

Para muchos, tradicionalmente la respuesta ha venido siendo “cuanto antes mejor”. Otros, sobre todo en los últimos años, se decantan por retrasar lo más posible la especialización. Los primeros, muchas veces sin saberlo, defienden lo que se ha denominado la Regla de las 10.000 horas. ¿En qué consiste?

Aparecida en los años 70 del siglo pasado, la regla se puede resumir en que para destacar en cualquier ámbito de la vida es necesario dedicar un determinado número de horas, que se aproxima a las 10.000 (la regla también es conocida como la Regla de los diez años).

Los primeros estudios se basaron en los grandes maestros de ajedrez y el tiempo que habían dedicado para llegar a serlo. Pero el punto de partida de la Regla fueron los estudios realizados por psicólogos a un grupo de violinistas profesionales del conservatorio de Berlín. Tras dividirlos en tres grupos según el nivel (todos eran ya grandes músicos), se observó que aquellos que habían alcanzado una mayor maestría habían dedicado más horas a la práctica y que las horas acumuladas eran menores según el nivel descendía.

Pese a que el considerado padre de la regla (K. Anders Eriksson) nunca la denominó como tal ni pretendió que fuera una norma universal para todas las actividades, en los años posteriores comenzaron a aparecer multitud de teorías, libros y artículos en los medios de comunicación que daban por sentado que cualquiera podía ser un fuera de serie dedicando esa cantidad de tiempo a una actividad y, por tanto, a hacerse popular la idea de que cuanto antes empezasen los niños a practicar un deporte más probabilidades tendrían de triunfar dada la cantidad de horas acumuladas.

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El libro de Malcolm Gladwell Los fueras de serie (Taurus 2009) defiende esta teoría poniendo ejemplos de diversas actividades.

Sin embargo, y pese a seguir teniendo muchos defensores,  los avances en ciencia genética, sobre todo a principios de este siglo, han puesto en entredicho las bases de esta regla y cada vez son más los expertos que se decantan por la preponderancia del talento innato (no exento de esfuerzo) sobre la práctica pura y dura, y por la especialización más tardía que deje paso a un periodo de exploración durante las etapas de formación.

Parece pues razonable que alguien que dé por buenas las tesis de la Regla de las 10.000 horas, a la hora de tratar de detectar talento entre jóvenes nadadores, elija a aquellos que a determinada edad tienen mejores tiempos en términos absolutos, ya que suelen ser aquellos que mayor número de horas han dedicado y más cerca se encuentran de la excelencia.

Si echamos un vistazo a las horas que acumula a sus espaldas un nadador en formación desde, por ejemplo, los 10 hasta los 15 años, las diferencias pueden ser abismales:

Un joven deportista que durante ese periodo dedique su tiempo a lo que viene en denominarse multideporte, entrenando tres veces a la semana una hora al día, cuando cumpla 15 años difícilmente habrá dedicado 400 o 500 horas.

Sin embargo, un joven que haya optado por dedicarse plenamente a la natación, por competir y entrenar con disciplina desde los 10 años dos horas al día incluidos los sábados, llegados los 15 años habrá entrenado alrededor de 2.500 horas. En el caso de deportistas que hayan sido captados para un centro de tecnificación de alguna federación y hayan empezado a doblar, las horas se pueden disparar a 4.500 o incluso más. Según la Regla de las 10.000 horas, en estos últimos casos la mitad del camino hacia el éxito estaría recorrida.

Vamos a poner un ejemplo un poco extremo: tenemos un nadador de 17 años con una marca de 50.00 en 100 libres después de acumular en su vida 6.000 horas de entrenamiento, muchas de ellas de alta intensidad. Por otra parte, tenemos un nadador de la misma edad con un discreto 59:00 en la misma prueba tras 1.500 horas de entrenamiento intercaladas con partidos de tenis, baloncesto y unas semanitas de surf en verano. ¿Dónde está nuestro futuro nadador de élite?

Para muchos, incluidos los responsables de la mayor parte de federaciones, está claro: es el primero.  Para algunos expertos no tanto: dependerá de la reacción del segundo cuando se le someta a nuevos ritmos de entrenamiento y a cargas de trabajo por las que todavía no ha pasado, a su constitución y potencial de crecimiento, a su capacidad de superación, a su carácter, mentalidad, etc. En definitiva, dependerá en gran medida de su genética.

En su libro El Gen Deportivo (Indicios 2014),  David Epstein desmonta la Regla de las 10.000 horas y hace un repaso a estudios científicos poniendo decenas de ejemplos, tanto individuales como colectivos, que demuestran la preponderancia de la genética, del talento innato, sobre la práctica o el entrenamiento, llegando a la conclusión de que, pese a que no seamos capaces por el momento de descifrar en su totalidad el genoma humano y las claves que hacen a un deportista sobresaliente, esas claves están ahí esperando la llave que nos haga ser capaces de interpretarlas. (Recomendamos la lectura de este libro a cualquier aficionado, padre o entrenador que se sienta atraído por estos temas).

Sin embargo, si bien los ejemplos son sencillamente demoledores y parece ser solo cuestión de tiempo que podamos detectar donde está nuestro futuro campeón valorando únicamente su programación genética, la Regla de las 10.000 horas y la defensa de la práctica sobre el potencial genético sigue contando con numerosos defensores y continua siendo el criterio de captación en muchas federaciones y clubes. ¿Cual es el problema?

La Regla de las 10.000 horas tiene una gran virtud, que es independiente de lo más o menos acertada que pueda ser: es políticamente correcta. Nadie en su sano juicio puede discutir que el esfuerzo sea bueno, nadie estará en contra de que la dedicación reciba su recompensa. Además, cuando el esfuerzo se refleja en minutos y segundos podría pensarse que se trata de un parámetro objetivo, justo.

En cambio, cualquier proceso de selección que se base en la detección de aptitudes genéticas, de potencial innato, de cualidades ocultas aún sin descubrir es mucho más complicado de justificar y su nivel de acierto depende en gran medida de la formación y experiencia de quien realiza la selección. Es un criterio políticamente incorrecto, sí, aunque probablemente sea el más efectivo y el más fiable desde un punto de vista científico.

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Las más modernas investigaciones parecen estar de acuerdo en que el segundo nadador del ejemplo, de tener el potencial genético necesario y siempre y cuando el resto de factores como el entorno ayudara, alcanzaría al primero a nivel de resultados aun sin acercarse ni por asomo a la cantidad de horas dedicadas. Evidentemente nadie discute que haría falta esfuerzo, pero el desfase inicial en horas no sería en ningún caso un obstáculo insalvable. A eso hay que añadir la ventaja objetiva que tendría sobre el primero al no estar tan “quemado” por los sacrificios del entrenamiento de élite durante los años de la infancia y que le permitiría llegar a la madurez biológica en mejores condiciones psicológicas para lograr el máximo rendimiento.

Casos de este tipo se narran pormenorizadamente en el libro de Epstein: saltadores de vallas, atletas velocistas, maratonianos, esquiadores, saltadores de altura, jugadores de baloncesto, etc. Se pone incluso el ejemplo de países y organizaciones que llevan a cabo procesos de captación de talento deportivo entre personas que nunca han practicado un deporte en concreto buscando unas aptitudes específicas. Y los resultados están siendo espectaculares: se han llegado a “crear” campeones del mundo y olímpicos en relativamente poco tiempo ante el asombro de los “gurús” de esos mismos deportes.

 Aunque cualquiera puede buscar ejemplos de este tipo en su entorno más cercano, en la segunda parte de este artículo hablaremos sobre el caso de un nadador español que encaja a la perfección con los ejemplos del libro de Epstein.

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1 Respuesta

  1. horacio longas m. dice:

    este articulo me lleva a la conclusion de q en realidad un niño lo q necesita es una gran acumulacion de diversion deportiva y juegos de destreza q nos pueden dar excelentes resultados en el corto plazo.

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