Lydia Morant o la cuesta arriba de una lesión

El tobillo obliga a la gandiense a un esfuerzo mayúsculo para volver a la élite

Juan Pérez Ortiz
natImagen Federació Catalana de Natació
 

Lydia Morant no sale en las páginas de deportes de los principales diarios nacionales; tampoco la entrevistan en la radio ni en la televisión. Morant, nacida en Gandía hace 22 años, es una de esas deportistas anónimas para el gran público cuyo sacrificio y trayectoria quedan en el círculo de la natación. Una más que sufre el subdesarrollo cultural y deportivo de un país y unos medios de comunicación que sólo despiertan a algo que no sea fútbol de Juegos Olímpicos en Juegos Olímpicos. Entremedias, la nada. Y eso que hablamos de una nadadora internacional, alguien que ha representado a España en dos Juegos, Pekín 2008 y Londres 2012; alguien que lleva desde los 12 años fuera de casa, sumando cientos de kilómetros en la piscina, de Cheste a Valencia, luego a Madrid y de Madrid a Sabadell. Camino de los 23 años, que cumplirá en noviembre, Lydia Morant no sabe si considerarse ya una veterana de la natación española: “Lo cierto es que me veo más cerca de las mayores que de las jóvencitas”.

 Morant, que cumple su segundo año en el CN Sabadell, decía hace un año en la revista Free Sport Magazine que todavía se veía cuatro o cinco años más en la élite. “Ahora mismo no me imagino mi vida sin la natación”, afirmó entonces. Ahora sonríe. “¿Dije eso?”. Una delicada lesión en el tobillo, de la que se operó el pasado febrero, ha alimentado sus dudas sobre el futuro. “Lo he pasado muy mal este año, incluso estuve a punto de dejarlo todo. Ahora veo las cosas desde otra perspectiva”, asegura Morant, que compagina la natación con sus estudios de Fisioterapia.

El tobillo, punto flaco de la nadadora, la ha alejado de los Mundiales de Barcelona, el próximo julio. Una espina en su carrera: “Por unos u otros motivos nunca he competido en unos Mundiales de verano, pero yo ya sabía que este año sería imposible. Después de la operación estuve tres semanas sin entrenarme y antes de la intervención me pasé cuatro meses entrenando sin saber muy bien dónde iba”. La lesión, la incertidumbre sobre el futuro inmediato, han sido muy duros. La élite es inmisericorde con los deportistas, no espera a nadie. Si estás, bien; si no estás, el olvido. Ayudas, pocas. “Al final lo que te queda es la familia, no puedes esperar más”.

lydia morant2Imagen de Twitter
 

El caso es que convaleciente de la operación no pudo preparar el Open de Primavera de marzo, donde se definía la convocatoria para Barcelona 2013. Ahora su meta es recuperar el tono para llegar lo mejor posible a los Campeonatos de España absolutos, el próximo agosto en Las Palmas “Estoy entrenando con normalidad, tanto en el agua como en seco. Lo que no puedo es correr o saltar”, explica.

Lydia Morant pertenece a la mejor generación de nadadoras españolas, un grupo liderado por la polivalente Mireia Belmonte. Formada en Valencia, primero en el Centro de Especialización de Cheste y luego en el de Tecnificación, donde se entrenó con Carlos Carnero padre desde los 15 hasta los 18 años, Morant compagina el nado libre con la espalda. Su caso es el de una deportista que con mucha fuerza de voluntad y una gran capacidad para sortear escollos llegó a clasificarse para unos Juegos, los de Pekín 2008, donde nadó los 200 espalda. Bajo la tutela de Carnero, entrenando la mayor parte de sesiones en una piscina de 25 metros, dando tumbos en busca de una olímpica y sin un gran grupo alrededor, consiguió la mínima para la cita china, su primera competición internacional. “Ir a Pekín ya fue un premio”, recuerda; “allí me empapé de todo, tenía ganas de vivirlo. Sabía que había cumplido y no sentía una gran responsabilidad. Se trataba de disfrutar”. Acabó 25ª. Cuatro años más tarde, en Londres, se quedó a las puertas de la final del relevo de 4×200 libres junto con Mireia Belmonte, Patricia Castro y Melanie Costa.

Volviendo atrás, de Valencia se marchó a la Blume de Madrid en busca de mejores condiciones. Un paso más en la aventura de esta intrépida nadadora. “Carnero ha sido como un segundo padre para mí. Era muy exigente y tenía mucho carácter, pero congeniamos bien. Yo también tengo mucho carácter y cuando discutíamos lo hacíamos a tumba abierta”, explica. En la Blume, bajo la supervisión de Jordi Murio, estuvo dos años. En el primero sufrió dos esguinces de tobillo. No le acompañó la suerte y los Mundiales de Shangai 2011 pasaron de largo. Un año antes, en los Europeos de Budapest acabó 11ª en los 200 espalda.

En Madrid decide dar un nuevo giro a su carrera. “Me busqué lo de Sabadell. Estaba dispuesta a lo que fuera por ir a Londres 2012”, revela. En Sabadell se encontró con un técnico duro, el francés Fred Vergnoux, y un grupo muy competitivo. “Los entrenamientos con Fred son realmente duros en todos los sentidos, tanto en volumen de kilómetros como en intensidad. Pero yo me adapté bien porque tenía una buena base”. El resultado fue que para los Europeos de Debrecen 2012 obtuvo las mínimas en los 200 y 400 libres. En esta última prueba estuvo a punto de entrar en la final, acabando 9ª.

Al margen del grupo que competirá en Barcelona 2013, Lydia va cogiendo la forma con los juniors. Afronta la imponente cuesta de alcanzar de nuevo la élite tras una delicada lesión. Coraje no le falta: lleva desde los 12 años dando batalla fuera de casa. Como cada día, mañana se levantará a las 5.15 para zambullirse en la piscina.

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