“Mentiría si dijera que no me queda ninguna espina, pero era el momento de retirarme”

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Recién retirada, Sonia Pérez Arau, barcelonesa de 24 años, repasa su dilatada carrera, cuyos últimos años han transcurrido en Estados Unidos, donde ha vivido la intensidad de la natación universitaria. Sus mejores marcas llegaron entre finales de 2013 y 2014. Deja la Universidad Internacional de Florida (FIU) con varios récords individuales y de estilos. Ahora trabaja en New York asesorando a estudiantes españoles.

-¿Cómo llevas la retirada?

Creo que aún no me he hecho la idea. La verdad es que estoy bastante ocupada y no lo pienso demasiado, pero lo echo de menos. Aun me cuesta seguir resultados y demás. Con esto no quiero decir que me arrepienta, creo que era el momento adecuado de hacerlo y he tenido que elegir. Hay trenes que pasan solo una vez.

-¿Cuál ha sido el motivo principal?

Trabajo. Como he dicho, hay oportunidades que solo pasan una vez en la vida y el trabajo que tengo no es muy común ni algo que se encuentre fácilmente, ya que es difícil encontrar algo con lo que puedas disfrutar tanto todos los días.

-¿Te ha quedado alguna espina?

Mentiría si dijese que no. Creo que me he retirado en mi mejor momento. La temporada pasada baje tres segundos sin haber preparado nada, y me habría gustado saber hasta dónde podría haber llegado si le hubiese dedicado el 100% de mi tiempo una vez hubiese acabado los estudios. También te digo que sin Randy Horner, Ignacio Gayo y mi equipo de FIU ya no estaba motivada para seguir. Estoy tranquila porque he acabado donde tenía que acabar habiendo cumplido mi sueño.

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-¿Quién te enseñó a nadar?

Pues me enseñó a nadar principalmente mi madre. Ella es la coordinadora de actividades acuáticas de L’Horta Esportiva y nos llevaba a mí y a mis hermanos a la piscina los fines de semana donde ella trabaja.

-Te especializaste en espalda muy joven y acabaste nadando estilos en EEUU…

Cuando era pequeña nadaba un poco de todo. En el club sí que me hacían nadar estilos de vez en cuando, pero sobre los 13 es cuando empecé a nadar solo espalda porque es cuando empecé a ir con el equipo nacional en esas pruebas, aunque recuerdo que Jordi Murio (que nunca ha sido mi entrenador) siempre me decía que tenía que nadar 400 estilos. Cuando llegué a Bridgeport (USA) el entrenador me dijo que tenía que nadar de todo. Yo estaba abierta a entrenar y nadar otras cosas ya que en espalda los últimos dos años antes de irme a EEUU estaba muy bloqueada y odiaba cada vez que me tenía que tirar a competir. Ese año en Bridgeport no mejoré nada ni me convenció la universidad, además yo siempre había querido ir a Primera División, y decidí cambiarme. Me presenté a mi entrenador de la Universidad Internacional de Florida (Randy Horner) como estilista ya que odiaba la idea de tener que volver a entrenar solo espalda. El primer año le sirvió para ver un poco en qué fallaba y a partir de ahí empecé a mejorar y acabé haciendo tiempos que nunca habría imaginado que podría hacer.

-Debutaste en un Nacional absoluto en 2006 en Almería, donde fuiste cuarta en 200 espalda. ¿Cómo recuerdas aquello? ¿Estabas nerviosa?

Para nada. Hasta ese año nunca tuve miedo de competir, al contrario. Me tiraba siempre a comerme el mundo. Recuerdo que esa carrera la nadé con mucha rabia porque una semana antes había hecho la mínima para el Europeo Junior fuera de plazo, pero al que se habían llevado a gente sin mínima.

-Ese mismo año, 2006, entraste en el CAR de San Cugat con 15 años…

Sí, tuve un buen final de temporada y en el colegio me ponían problemas cada vez que tenía campeonato o concentración. Pensé que sería buena idea tener más tiempo para entrenar y no tener que preocuparme por si me iban a dejar o no ir a una concentración. Como deportista fue una motivación muy grande, además desde el club me ayudaron y me apoyaron mucho en la decisión. Si te soy sincera creo que no era consciente de dónde iba.

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-Tus padres no querían que entraras en el CAR. ¿Por qué?

La mayor preocupación de mis padres eran los estudios. No confiaban mucho en el sistema educativo del CAR. Creían que me iba a centrar solo en el deporte e iba a dejar más de lado el colegio. A parte de eso, me veían muy niña y pensaban que era muy pronto para dar ese paso. Por otro lado, mi hermana mayor también estaba allí con la selección de waterpolo y tenían la tranquilidad de que no iba a estar sola.

-Reconoces que no eras lo suficiente madura para estar en un CAR pero que tampoco tuvieron paciencia contigo…

No, siempre lo he dicho. Desde el club les hablaron de cómo había trabajado hasta ese momento, de cómo hacían las cosas conmigo, y de cómo era. Eran conscientes. Creo que una de las ventajas de estar en un centro de alto rendimiento es que el número de deportistas por grupo de entrenamiento es más reducido que en un club y puedes recibir más atención y un sistema de entrenamiento más personalizado. Con esto evidentemente no quiero decir que haya que individualizar el entrenamiento de cada nadador, ni que hubiese que tratarme de manera diferente, al fin y al cabo si vas allí es para estar al nivel que corresponde, pero las cosas no siempre son blancas o negras ni el proceso de adaptación de cada deportista a los cambios es el mismo. Yo nunca había tenido esa exigencia ni presión hasta que llegué y creo que necesitaba entrenar la cabeza más que el cuerpo.

-Tuviste un punto rebelde cuando ibas a entrenar desganada y forzabas que te expulsaran del entrenamiento…

Los que me conocen saben que soy un poco tozuda para bien y para mal. La verdad es que reconozco que no puse mucho de mi parte. A nivel deportivo siempre he necesitado sentirme valorada para poder rendir al máximo. Nunca he funcionado con gritos ni con malas palabras. Yo veía que la persona que estaba fuera del agua no me daba lo que necesitaba ni nos entendíamos, y que pasaban los días y eso no cambiaba. Iba a entrenar con miedo, y más tarde, como dices, supere ese miedo y se convirtió en pasotismo, e intentaba pasar en el agua el menor tiempo posible y contando los días para el final de temporada. Me daba igual el europeo y cualquier otro campeonato que hubiera, solo quería que pasase todo aquello.

-¿Salir del CAR fue un alivio?

Para mi salir del CAR en ese momento fue dar un paso atrás a nivel deportivo, un fracaso. Pero también un alivio. Yo no iba a salir de allí por voluntad propia precisamente por la tozudez de la que te he hablado antes, me daba miedo y vergüenza que la gente pensase que había fracasado. Y sobre todo yo lo veía como que estaba fallando a mi familia y a los que me habían apoyado estando dentro.

-¿Quiénes fueron tus apoyos entonces?

Mi familia y amigos por supuesto; y Casti [José Antonio del Castillo, actual director de Alto Rendimiento de la federación española]. Casti no solo fue mi apoyo al salir y volver al club (Sant Andreu), sino durante todo el año que estuve dentro. Me entendió mejor que nadie y sabia cómo me sentía sin yo decirle nada. Al año siguiente tuvo muchísima paciencia conmigo, más de la que me merecía. Yo llegue a odiar la natación y él me ayudo a luchar y a no dejar de practicar el deporte que era mi vida. Cuando miro atrás, él y Randy son las personas que han marcado mi carrera deportiva. Pero en el club no solo tuve el apoyo del entrenador, sino también del equipo que había entonces. El grupo de chicas que teníamos ese año me ayudó a estar cada vez más animada porque me hacían sentir que me necesitaban y tiraban bastante de mí dentro y fuera del agua. En casa, por supuesto, tuve el apoyo incondicional que siempre he recibido por parte de mis padres. El hecho de que los dos hayan sido deportistas les ayudo a entenderme y a evitar que me rindiera.

-¿Cuándo volviste a disfrutar de la natación tras salir del CAR?
Lo recuerdo porque no hace mucho. En el 2012 en FIU con Randy Horner e Ignacio Gayo. Ese año no tenía nada que perder, e incluso llegue resignada y con la idea hecha de que ya tenía 20 años, mis tiempos eran los que eran y esos iban a ser hasta que me retirase. Mi entrenador ha sido Randy; Ignacio se encarga más de las velocistas, pero sin él no hubiese superado momentos muy duros. Me ha ayudado siempre a ver muchas cosas que yo no era capaz de ver. Fue mi gran apoyo en Miami y lo sigue siendo hoy en día. Aunque a Miami llegue rendida deportivamente, fui con una actitud muy positiva, dispuesta a probar otro tipo de entrenamiento, a cambiar las cosas que fueran en cuanto a técnica, y disfrutar al máximo. Volví a disfrutar de la natación con la ayuda de las personas que me rodeaban y cuando me dije basta a mí misma y me propuse disfrutar de ella. Y los resultados vinieron solos, lo que me hizo disfrutar el doble.

– ¿Qué época recuerdas como la mejor deportivamente en España?

Pues hay dos épocas diferentes de las que tengo un buen recuerdo. Los dos o tres años antes de entrar al CAR y los últimos dos veranos en los que volvía de USA. Los que me conocen bien saben que me encanta competir, y esas han sido las dos épocas en las que he competido sin miedo y con más ganas. En la primera, era una niña y evidentemente no sabía lo que era la presión y me daba igual quien nadara a mi lado. Unas veces ganaba y otras perdía pero disfrutaba cada vez que competía. Los últimos dos veranos, sobre todo el pasado, fue cuando creo que obtuve la recompensa de todo lo que había aprendido y entrenado en Estados Unidos. El momento que más disfruté de todo el verano fue en el Mare Nostrum de Barcelona, porque pude hacer mi mejor tiempo con mis padres y mis dos hermanos en la grada. Fue muy especial.

– ¿En qué etapa de tu vida has disfrutado más con la natación?

En Estados Unidos evidentemente. He aprendido lo que es nadar para un equipo, recibir apoyo desde entrenadores y compañeras hasta médicos o profesores

¿Qué impresión te causó Horner cuando le conociste?

Me imponía muchísimo. Es una persona bastante seria con las cosas muy claras, que lo da todo en su trabajo y que no le gustan nada las tonterías. Supe desde el principio que iba a ser el entrenador que siempre había necesitado.

– ¿Por qué decidiste irte a EEUU?

Necesitaba un cambio deportivamente y en mi vida en general. No me veía entrenando en el club más. Quería probar cosas nuevas. Lo único que me echaba para atrás era el dejar a mi familia y amigos, pero algo me decía que tenía que hacerlo y que iba a ir bien. Además, uno de los objetivos que siempre había tenido y sabía que necesitaba para un futuro era aprender inglés. No hay dinero que pueda pagar eso ahora mismo.

– ¿Cómo recuerdas tu primera final NCAA?

Fue un momento inolvidable. La verdad es que nadé un poco desconcentrada. La gente lo vive muy intensamente, el escándalo que hay en la piscina es increíble. Yo mire alrededor demasiado intentando disfrutar el momento e inevitablemente estuve pendiente de otras cosas. Llegué en muy buena forma pero los nervios me fallaron un poco. Aun así, fue unos de los mejores momentos de mi vida.

-¿Por qué recomendarías la experiencia americana?

Cuando te hablaba de cuánto disfruto con mi trabajo hablaba de esto. Trabajo en la oficina internacional de una universidad en Nueva York. Tengo varias responsabilidades, pero una de las principales es reclutar estudiantes de otros países (trabajo con Europa principalmente). La razón por la que hago esto con tanta pasión es porque quiero compartir mi experiencia con otros estudiantes, sean deportistas o no. Es una experiencia que te hace crecer muchísimo como persona, aprendes algo nuevo cada día y adquieres valores de otras culturas. Me encanta hacerles esa primera entrevista y escuchar lo ilusionados que están y explicarles todo lo que les espera, y por supuesto ayudarles durante todo el proceso de admisión.

*Imágenes: Felicitada por sus compañeras tras realizar en Missouri 4:09.59 en las 400 yardas estilos, su mejor marca personal; de la Graduación, y con Randy Horner e Ignacio Gayo.

 

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