Récords de alquitrán

Zhivanevskaia y Lorente ostentan desde 2000 y 2004 las plusmarcas nacionales más antiguas

Zhivanevskaia

2m 09.53s. La marca figura en la tabla de récords nacionales desde el 4 de julio de 2000. Cinco dígitos adheridos a un nombre (Nina Zhivanevskaia) y una ciudad, Helsinki, sede de los Mundiales de verano. Aquel día, la española de origen ruso Nina Zhivanevskaia pulverizó la plusmarca nacional de 200 espalda con un tiempo que la catapultó a la primera posición del ránking mundial. Fue todo un aviso para sus rivales con vistas a los Juegos de Sydney, que se disputaron ese mismo verano. Casi 13 años después, continúa siendo el mejor registro español de la prueba; no sólo eso: es el récord nacional vigente más antiguo tanto en piscina corta como larga.

Nina, quien en junio cumplirá 35 años, tiene recuerdos vagos de aquellos años; debe esforzarse para recordar detalles. Todo lo contrario que su marido y exentrenador, Francis Medina, un tipo singular que merece una historia aparte. Los 2m 09.53s se han agarrado como el alquitrán al cuadro de plusmarcas nacionales, esquivando incluso la juerga de récords propulsada por los bañadores mágicos posteriormente prohibidos por la federación internacional (FINA). Zhivanevskaia firmó una trayectoria larga y exitosa no exenta de sobresaltos y recelos. Entre sus éxitos está el haber sido la primera nadadora española en conseguir una medalla, la de bronce, en unos Juegos Olímpicos: Sydney 2000.

“Nina era una fuera de serie”, afirma el técnico Carlos Carnero, quien la llegó a entrenar durante unos meses entre 2001 y 2002, con vistas a los Europeos absolutos de verano de Berlín (2002), donde Nina obtuvo el oro en 50 espalda y la plata en los 200. “Es un ejemplo de que con calidad y determinación uno puede llegar al éxito por distintas vías”, asegura Carnero sobre Nina, que triunfó en todas sus etapas como nadadora pese a los contratiempos y la polémica que la rodeo durante varias fases. “Nina vivía por y para la natación”, asevera Medina, quien confiesa que se enamoró de la natación tras conocer a Zhivanevskaia. Aquel encuentro derivó en una relación personal y profesional muy estrecha y particular. Medina se hizo fuerte en su papel protector de la excelente espaldista hispano-rusa. A partir de entonces fue su guía.

Aquella marca de Helsinki fue casi tres segundos mejor que el anterior récord nacional de la prueba, también en poder de Nina desde mayo de ese mismo año (2.12.30). “Ya ni me acuerdo”, dice la exnadadora, quien vive en Torremolinos (Málaga) junto a su marido y exentrenador, Francisco Medina, y sus dos hijos, Nina y Francis, de ocho y dos años respectivamente. Lo que sí recuerda Zhivanevskaia es la influencia que tuvo el controvertido técnico canadiense Cecil Russell en su progresión. “Me ayudó mucho a mejorar en los 200 metros, hacíamos menos volumen pero los entrenamientos eran más intensos. Trabajamos más la velocidad”.

La marca de Nina, cuya calidad era incuestionable, se produjo después de haber pasado un año sin competir tras nacionalizarse española e incluso de haber amagado con la retirada. Tuvo que convencer a su marido, ajeno al mundo de la natación hasta que la conoció a ella, de que se ocupara de su preparación. “Me dijo que si no la entrenaba yo se lo dejaba”, cuenta Medina; “así que tuve que ponerme las pilas y aprender a marchas forzadas”.  Zhivanevskaia era una nadadora extraordinaria, entre otras cosas porque se entrenaba sola, sin rivalidad en la piscina. “Entrenar sola es difícil. Recuerdo que lo hacía principalmente por sensaciones. Cuando entrenas en grupo te fuerzan a mejorar los parciales”.

Lo mismo le ocurría a Eduard Lorente, plusmarquista nacional de 100 metros libres desde marzo de 2004, cuando en unos Campeonatos de España de verano celebrados en Cádiz paró el cronómetro en 49.34. Lorente (Barcelona, 24 de mayo de 1977) se preparaba en el CAR de San Cugat con Joan Fortuny cuando fundió su propia marca en aquellos campeonatos. Sin embargo, Lorente saca conclusiones positivas de entrenarse solo: “Te llegas a conocer mucho mejor a ti mismo.  Durante el entrenamiento hablas más contigo mismo. Entonces me fijaba en la entrada del codo al agua, en cualquier detalle técnico; yo era muy metódico. Aun así reconozco que era duro. Cada vez que me tiraba al agua me lo tomaba como una competición. Yo era el único chico del grupo; el resto eran chicas, fondistas y mediofondistas”. Los 49.34, realizados en marzo, también llegaron a ser la mejor marca mundial del año. Eduard iba como un tiro con vistas a los Juegos de Atenas, que serían sus segundos Juegos tras haber participado en los de Sydney.

lorente

De aquellos campeonatos, Lorente, que fue el primer español en bajar de los 50s en 100 libres, recuerda que tuvo la sensación de que podía haber bajado de 49s en las semifinales, disputadas por la mañana. “Acabé la carrera frenándome”. Entonces tenía 26 años. El trabajo con Fortuny dio sus frutos. “Era un entrenador muy exigente, pero yo estoy orgulloso de habérmelo encontrado por el camino. Ha sido un padre para mí. Con nadadores que te sacaban 15 centímetros de altura no podía entrenar de otra manera”, afirma Lorente, quien con 1,85 tenía que explotar otras bazas ante los gigantes de la velocidad internacional: la potencia de brazos, la agilidad, la técnica de salida. Él también tenía sus propios secretos: empezó a creer en sí mismo recurriendo al budismo, en el que profundizó posteriormente a raíz de un viaje a Bali en un paréntesis de su carrera. Aunque su abuela tenía su singular punto de vista: “Tú no eres más alto porque te pesan los huevos”, le decía.

La marca de Lorente también superó los años del poliuretano. “Ha habido buenos velocistas, pero bajar de 50s es complejo. Yo lo hice más de 30 veces”. El caso de Lorente es excepcional. Empezó a nadar en serio a los 17 años. “Viendo los Juegos de Atlanta (1996) me propuse competir en los siguiente Juegos Olímpicos”, recuerda. Más de uno se lo tomó a guasa, le infravaloró. “Me decían que estaba loco, que dónde iba yo”. La perseverancia, el trabajo y su actitud le llevaron a las principales competiciones internacionales. En alguna de ellas pudo darse el gustazo de batir al zar ruso de la velocidad, Alexander Popov. El colofón llegó en 2006, cuando en los Campeonatos de Europa de 2006 en piscina corta (Helsinki) atrapó el oro en los 50 libres, algo que consiguió después de una temporada de desconexión, con poco entrenamiento a cuestas. Ahora, años después, asegura que de su carrera deportiva sólo le queda una espina: “No haber disputado mis terceros Juegos, tal y como le prometí a mi abuela”

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