Retrospectiva: la gran consagración de Lourdes Becerra

Juan Pérez Ortiz

Lourdes Becerra no se acuerda ya del nombre de la subcampeona de los 400 estilos de los Juegos de Atlanta 1996. “La primera fue Michelle Smith y la tercera Kristina Egerszegi, pero la segunda…”. Aquella carrera fue histórica para la natación española, el punto álgido de la trayectoria de la nadadora sabadellense, que tenía entonces 23 años. Acabó séptima con 4:45.17, cuatro segundos menos que el registro con el que se clasificó (4:49.40). Hay datos que se recuerdan toda la vida. “En las eliminatorias hice 4:45.54”, evoca Lourdes, para quien Atlanta fueron sus segundos Juegos tras Barcelona 92.

 Terminadas las eliminatorias de Atlanta, cuando la clasificación para la final era un hecho, un hito, el entonces presidente del Club Natación Sabadell llamó a Paulus Wildeboer, el que fuera técnico de Lourdes durante toda su carrera. “Hombre Paulus, ¡podrías haberlo dicho antes!”. “Es que”, respondió el preparador holandés, “tampoco teníamos tan claro que fuera a clasificarse para la final”. Los 4:45.54 de las series pillaron por sorpresa a todo el mundo. El gesto de Lourdes dentro del agua, alegría desbordante, puño cerrado, fue la viva estampa de la felicidad. En la grada no estaban sus padres ni su hermano ni su novio, más tarde su marido, José Muñoz; tampoco Wildeboer. Lourdes se hubiera quedado en el agua un buen rato más disfrutando de aquel momento mágico.

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 La nadadora catalana de padres extremeños naturales de un pequeño pueblo de Badajoz, gente trabajadora, tomaba el relevo de Mari Paz Corominas, la primera española en nadar una final olímpica, los 200 espalda de México 1968. “Aquel fue un año muy bueno”, recuerda Lourdes, que ahora tiene 41 años. “Había competido mucho y había competido bien en 400 estilos. Pero hasta que llegaron los Juegos me había faltado confianza. Eran los nervios. En Atlanta tuve la sensación de haberlo dado todo. Tenía mucha confianza en mí misma”. El día anterior a la competición Lourdes recibió un fax de Wildeboer en la villa olímpica. El holandés se había quedado en Sabadell. Aquellas líneas no tenían otro sentido que reforzar la autoestima de su nadadora, darle ánimos y cariño. Lourdes tenía el carácter, la predisposición que todo entrenador desea en sus nadadores. “Digamos que tenía mucha fuerza de voluntad”, reconoce la tres veces olímpica (1992, 1996 y Sydney 2000). Los 4:45.54 de las series fueron la consagración de la nadadora del Sabadell. Un récord de España que volvería a ser batido en la final: 4:45.17. Once años después, una jovencísima Mireia Belmonte, entonces de 16 años, barrería la granítica plusmarca de Lourdes con 4:44.10.

Las crónicas de la época reflejaron la sorpresa que dio Lourdes Becerra al imponerse a Silvia Parera en la final de los 400 estilos del Campeonato de España disputado en Cádiz en marzo de 1996. “No fui la mejor hasta ese momento”. Parera tenía el récord de España desde 1993, cuando finalizó quinta en el Europeo de Sheffield. En esa misma competición se había colgado el bronce en los 200 estilos. Fue la principal rival de Lourdes durante aquellos años.

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 La olímpica sabadellense destaca como uno de sus principales rasgos la fuerza de voluntad, cualidad que mostró desde bien pequeña. A los diez años, cuando su madre, cocinera en una guardería, le dijo que se le hacía pesado esperar tanto tiempo en la piscina pendiente de su hermano menor, cinco años más pequeño, Lourdes tomó una decisión: se desplazaría ella sola a la piscina en autobús todos los días. Eso hizo. Iba y venía sola. “Fue a esa edad cuando realmente empecé a tomármelo en serio”. Años más tarde, entrenando ya con Wildeboer, revela otra característica. “Era muy meticulosa entrenando. Si Paul me decía que debía ir a 1:20 e iba a 1:22 empezaba a comerme la cabeza”. Con 1,73 y entre 60 y 62 kilos, Lourdes debía controlar los nervios y el estrés, que provocaban que perdiera peso. “Tenía que ir con mucho cuidado en este sentido”.

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 A Atlanta llegó con varias lecciones aprendidas y prácticas corregidas. La preparación de los Mundiales de Roma de 1994 había sido muy difícil a la vez que decepcionante. “Fue la temporada que más entrené y la que peor salió. Nos pasamos con el entrenamiento”. En los ciclos de mayor volumen fueron tres sesiones diarias de agua más el seco. “Fue un fracaso. Pero los fracasos alimentan el éxito”, asegura. En el Europeo de Viena de 1995 finalizó séptima su carrera favorita, los 400 estilos. Pasado el verano, comenzaría la preparación de los Juegos de Atlanta. Los de Barcelona le habían dejado también un poso amargo. “Competí mal. A mí me hubiera gustado nadar los 400 estilos, pero Silvia Parera y Elisenda Pérez habían hecho la mínima antes que yo y tuve que optar por otras pruebas. En la Copa de Europa de clubes hice la mínima de los 200 estilos”. En Barcelona, con 19 años, tuvo una actuación discreta: fue 28ª y 31ª en los 200 braza y 200 estilos.

Cuatro años después, una Lourdes más madura y segura de sí misma viviría su particular sueño. “Todos los deportistas tenemos nuestros sueños, la mayoría inalcanzables. Mi objetivo entonces era la final B, pero soñaba con un podio olímpico, algo imposible”. La última concentración en altura antes de los Juegos de Atlanta fue en Sierra Nevada. Lourdes llegó días más tarde que el resto de la selección española para marcharse después. Estaba todo calculado para que la asimilación del trabajo tuviera el efecto deseado en la cita olímpica. Estando en Sierra Nevada recibió la visita de un equipo de Televisión Española que quería hacer un reportaje sobre María Peláez, la española que más opciones tenía de meterse en una final. Pero María se había ido ya y el equipo improvisó con Lourdes. “Estaba yo sola”. El reportaje salió redondo: Lourdes logró clasificarse para la final, la segunda de la historia de la natación española, con un tiempo excelente. La imagen con el puño cerrado, pura satisfacción, cuelga de las paredes de su casa.

*Imágenes: Con Paulus Wildeboer en la portada; Interior: la segunda por la izquierda con Esther Martínez y Elisenda Pérez. Wildeboer aparece detrás sin camiseta; y celebrando el pase a la final olímpica.

*Video: Final de 400 estilos de Atlanta 96.

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3 Respuestas

  1. Norris dice:

    Una currante que debería ser ejemplo para las nuevas generaciones

  2. Carlos dice:

    Bonita historia.

  3. yomism0 dice:

    GRANDE LOURDES!

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