Rozas: «Los meses en el CAR de San Cugat fueron muy agobiantes»

«Para Vergnoux era un instrumento. De la natación apenas me llevo amigos: éramos compañeros de entrenamiento y rivales»

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Miguel Ángel Rozas cumplió 20 años el pasado 7 de abril, casi un mes después de anunciar que dejaba la natación por motivos personales, principalmente. De esta manera frenaba en seco una carrera prometedora: fue 15º y 27º en los 5 y 10km del Mundial de Barcelona. Su estreno internacional en las aguas abiertas. Un debut que abría una ventana de aire fresco en la especialidad, venida a menos en España. Pero el idilio duró poco. El melillense del popular barrio del Tesorillo fue perdiendo en los meses posteriores al Mundial la ilusión. Un contratiempo familiar potenció su hartazgo. Sin la motivación que requiere la élite, las duras jornadas de entrenamiento y la rigideces del centro de alto rendimiento se le hicieron muy cuesta arriba. Rozas teme que alguien interprete ánimo de revancha en sus respuestas, pero lo cierto es que su discurso tiene un punto de crudeza. “No me gustaría que la gente pensara: ‘mira este, se retira y ahora se pone a rajar’. Yo no tengo ningún reproche contra nadie. Quizá no era mi momento, no estaba preparado para esa exigencia y decidí dejarlo”. El ex internacional español estudia ahora para Guardia Civil, cuerpo en el que tiene a varios familiares. Está encantado con su nueva vida. No ha vuelto a tirarse a la piscina y tampoco practica otros deportes. “Le guardo luto a la natación”, bromea.

 ¿Es definitiva la retirada?

 Sí, es definitiva. No me arrepiento del paso que he dado. Estoy muy a gusto estudiando, adaptándome a la nueva vida sin deporte.

 Sorprende que habiendo sido una retirada forzada por motivos personales estés tan bien…

 Bueno, estaba bastante quemado también. No es algo que tenga que ocultar. En los últimos tiempos caían sobre mí casi todas las broncas del grupo de entrenamiento  y ya no aguanté más. Se juntó todo.

 ¿Broncas?

 Sí, pero la mayoría de ellas justificadas. Lo cierto es que no me adapté bien al CAR de San Cugat. La rutina se me hizo monótona, los horarios demasiados estrictos. Era todo demasiado encorsetado. Los meses en el CAR fueron muy agobiantes.

 Pero tú venías de preparar un Mundial con el mismo grupo de entrenamiento y el mismo entrenador, Fred Vergnoux, con la exigencia que eso supone… No era nada nuevo para ti.

 Ya, pero la temporada pasada compartí piso con otros compañeros. Tenía más libertad. Quieras o no, en un piso tienes más margen para permitirte ciertas licencias, no estás tan controlado. Pero Fred pensó que esta temporada, en el CAR, tendríamos mejores condiciones.

 ¿Cuándo se tuercen las cosas?

 Yo diría que a partir del Europeo Absoluto en piscina corta de Dinamarca. Fred no estaba contento con mis resultados. Más que reprochármelo, me dijo lo que pensaba. El caso es que estuvo sin dirigirme la palabra y marcándome entrenamientos de 8.000 metros por sesión. Me dijo que o las cosas cambiaban o me iría mal.

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 ¿Vergnoux era consciente de tus problemas personales?

 Sí. Él era mi entrenador y tenía derecho a saberlos. Teníamos charlas y era comprensivo, pero al final él tenía en la cabeza lo que tenía: el Open, el Open, el Open…Y yo no tenía la cabeza para dar el máximo. No soy fuerte en ese sentido. Me tengo que ver delante para ser fuerte.

 ¿Había mucha diferencia entre los entrenamientos en el Sabadell y los del CAR?

 No. Yo no llevaba mal la dureza, no había excesiva diferencia entre una temporada y otra. El problema era la falta de libertad, acostarse los fines de semana a las 10.15. Todo esto tenía una justificación, no tengo nada que reprocharle a Fred. La culpa fue mía por no adaptarme al CAR, no debía ser mi momento o no debía estar preparado para ello. El hecho de que me regañara era señal de que se preocupaba por mí, de que le importaba. Fred tiene muy claro cuál es su objetivo y todo gira en torno a ese objetivo. Quiere que su grupo sea el más fuerte, el mejor.

 ¿Cómo llevabas las regañinas?

 Bueno, es difícil. Había un momento en que explotaba y sacaba todo lo que tenía guardado. Al final te acababa regañando por lo que tocaba en ese momento y por otras cosas.

 No debe ser fácil entrenar en el grupo de Vergnoux. De hecho, hay otros nadadores que le han dejado para cambiar de aires.

 Él solía decir que al camión se suben los que van a luchar para morir. Que quienes van en el camión lo van a dar todo en la guerra. No hay ningún otro grupo de entrenamiento en España que entrene tanto, que pase tanto tiempo concentrado, que haga tantos kilómetros. Ahí están los resultados. Todos sabíamos por qué estábamos ahí; hay poco más que decir. Luego hay gente que se ha quemado porque no entendía que tuviera que hacer tantos kilómetros sin ser fondista.

 ¿Has vuelto a hablar con Vergnoux desde que anunciaste que dejabas la natación?

 No. El pasado 7 de abril fue mi cumpleaños y sólo me llamó Miguel Durán. Nadie más. Me ha bastado un día para darme cuenta de que no éramos amigos, éramos compañeros de entrenamiento y rivales. Para Fred, yo era un instrumento. Él tiene sus objetivos. En el Sabadell ya me envió a entrenar al grupo de los juniors porque consideró que no era apto para estar con ellos; luego me repescó.

 Suena duro. ¿Qué amigos te llevas de la natación?

 Ninguno. Bueno sí, Miguel Durán.

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 ¿Cómo fue la preparación del Mundial?

 Interioricé el mensaje de que era un nadador del equipo nacional. Cuando formé parte de él todo fue más duro. Allá donde iba, hasta cuando iba andando por la calle, me decía a mí mismo que era un nadador de nivel mundial.

 ¿Echas de menos la natación?

 ¡Claro que sí! Pero no me arrepiento del paso que he dado. Soy consciente de que ha sido una carrera incompleta, pero estoy bien.

 ¿Qué sabor te dejó el Mundial?

 Inolvidable. Acabé muy contento. El estar allí compensa todo el trabajo realizado.

 ¿Te llevaste muchos golpes?

 Todas las hostias que no me dieron mis padres de pequeño me las llevé allí. Iba a Kiko Hervás, que era el delegado del equipo, y le decía: ‘Pero Kiko, ¿esto qué es?’. Y él me decía: ¡Pega tú también!

* Imágenes: Julián Blázquez.

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2 Respuestas

  1. merche dice:

    Mucha suerte

  2. tope dice:

    Grande Melillo. con 2 cojones

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